sábado, 9 de septiembre de 2017

Julio Planchard Thenille, daguerrotipista y fotógrafo ambulante

Julio Planchard Thenille (Moulins, Francia, 1812-?), fue uno más entre la legión de daguerrotipistas y fotógrafos de origen francés, que recorrieron España de forma ambulante en las décadas de 1850 y 1860 y que, en numerosas ocasiones, encontramos asociados entre ellos. Un fotógrafo que podríamos clasificar sin temor a equivocarnos, en la cofradía de "los devotos de la Virgen de la Suela", como acertadamente los denomina la profesora y fotohistoriadora María de los Santos García Felguera, en el catálogo de la exposición El triunfo de la imagen. El daguerrotipo en España.


Retrato de dama con abanico. Fotografía de Julio Planchard, coloreada por Eduardo Ruiz, 1858. Colección Javier Sánchez Portas
En mi post de fecha 29/11/2014 sobre Enrique Lorichon, hice una breve referencia a Julio Planchard, y a partir de esa primera toma de contacto, fui recopilando información con intención de documentar su presencia en Santander a través de los distintos reversos o dorsos publicitarios: "la puerta de atrás", que utilizó en sus cartes de visite durante su breve estancia en nuestra ciudad (aproximadamente entre julio y diciembre de 1860).

La puerta de atrás: los dorsos de las cartes de visite, es el título del artículo publicado por el profesor y fotohistoriador Juan Miguel Sánchez Vigil, en el catálogo de la exposición realizada por la Fundación Lázaro Galdeano: Una imagen para la memoria. La carte de visite. Colección Pedro Antonio de Alarcón. En dicho artículo se analiza la evolución de la información y decoración de los dorsos de las cartes de visite, cuestión de gran utilidad para ayudar en la datación de este tipo de fotografías. Precisamente de la información proporcionada en los dorsos de las CDV me valdré en gran medida, junto con otros datos, para conocer el azaroso devenir profesional de Planchard, a lo largo de la geografía española.

El estudio de los reversos de las cartes de visite santanderinas de Planchard, me deparó una primera sorpresa dado que, como veremos más adelante, en el corto espacio de tiempo que duró su presencia en Santander, apenas seis meses,  tuvo cuatro alianzas comerciales distintas, y llegó a utilizar al menos tres reversos diferentes. Una vez despertada mi curiosidad, fui tirando del hilo, intentando reconstruir en lo posible su recorrido profesional por España, y la investigación se fue complicando y alargando mientras ordenaba diversas informaciones que me iban aportando distintos investigadores de la Comunidad Valenciana, Murcia y Cataluña, zonas en las que trabajó Planchard (no siempre como fotógrafo, como ya veremos), convirtiendo esta pesquisa en una investigación coral y apasionante, a medida que iba encajando cada pieza en el puzzle de su azarosa vida. A todos citaré en cada momento, y desde aquí quiero agradecerles su ayuda y sus aportaciones.

Se desconoce con exactitud la fecha en la que Julio Planchard pudo llegar a España, posiblemente en la segunda mitad de la década de 1850, y quizás procedente de Italia (hipótesis que argumentaré más adelante). La primera referencia suya en España lo sitúa en la provincia de Cádiz, donde lo encontramos establecido en 1858 en Los Llanos de las Angustias, de Jerez de la Frontera "asociado al pintor valenciano Eduardo Ruiz, miembro de la Real Academia de San Carlos, que con destreza y buen gusto sabe iluminarlas, siendo la primera vez que unos profesionales anuncian en la ciudad la fotografía sobre papel. Utilizan como soportes -además de papel- el cartón, la madera, metal y hule, y su escala de precios va de 20 a 320 reales, cantidad esta última que encontramos elevadísima", según indican en el libro Andalucía en Blanco y Negro, (Espasa 1999), Eduardo Pereiras Hurtado y Juan Manuel Holgado Brenes. A esta época pertenece el magnífico retrato coloreado de la colección de Javier Sánchez Portas que se muestra al principio del post, firmado por ambos y fechado en 1858, en el que merece la pena destacar dos aspectos que denotan el buen oficio del pintor: la textura de la tela del vestido y el minucioso detalle del abanico pintado.

Dada su edad, 46 años, la destreza que demuestra en el manejo de la técnica fotográfica, y que en esa época (1858) los fotógrafos estaban haciendo la transición del daguerrotipo al papel, parece lógico pensar que sus comienzos fuesen como daguerrotipista, pero no he encontrado ninguna referencia en España de su actividad como tal, por lo que es posible que a su llegada hubiese abandonado ya la práctica del daguerrotipo y trabajase sólo la fotografía en papel (y otros soportes).

Buscando en Internet, he localizado en Daguerreobase un daguerrotipo perteneciente al Musée Adrien Mentienne, de Bry-sur-Marne (Francia), realizado por Planchard. Ahora bien, ¿se trata de Julio Planchard, antes de abandonar Francia? No lo puedo afirmar con seguridad.

Retrato de Dama, daguerrotipo, Colección Musée Adrien Mentienne, de Bry-sur-Marne (Francia). Circa 1850. 

Reverso del daguerrotipo anterior, con la propaganda del autor.

Planchard busca nuevos horizontes, y el 29 de marzo de 1860 se anuncia asociado con Lorichon en el diario La Paz de Murcia, según la información que me facilita el fotohistoriador Asensio Martínez Jodar. También ese mismo día se publica un suelto que dice:

Como habrán visto nuestros lectores  por el anuncio que llevamos inserto en nuestro periódico, hace días que reside en nuestra ciudad el célebre fotógrafo M. Planchard. Hemos tenido el gusto de ver sus trabajos, y tanto los de éste como los de su miniador M. Lorichon superan lo que habíamos concebido.

El anuncio al que hace referencia el suelto anterior, decía:

Fotografía artística. Retratos sobre papel de marfil. Por Julio Planchard, miniados por el señor Enrique Lorichon, retratista en miniatura de S.M. Guillermo II ex rey de los Países Bajos. Dichos artistas tienen el honor de participar al ilustrado público de Murcia, que permanecerán en esta una temporada, bien seguros del buen éxito que, como en todas partes donde han estado, tendrán sus obras, tanto por la completa perfección fotográfica conocida hasta el día, como por la propiedad y buen gusto del pincel. Tienen de manifiesto su gabinete para los señores que gusten visitarlo, aunque no piensen hacer su retrato, pasillo del Vizconde, piso principal, donde reciben desde las nueve de la mañana hasta las cinco de la tarde.

El 27 de mayo de 1860, aparece el nombre de Planchard en una lista de suscriptores del diario La Paz de Murcia que se dan de baja, por lo que podemos suponer que en fechas cercanas abandona la ciudad.

De esta primera etapa de Lorichon y Planchard asociados en Murcia, no conozco ningún cartón de CDV, por lo que deduzco que dada la brevedad de su presencia en la ciudad es muy probable que no los llegasen a imprimir y utilizasen cartones en blanco, pero tampoco se puede afirmar que utilizasen dicho formato porque no se indica en los anuncios. Hay que tener en cuenta que son escasas las CDV españolas que podemos datar fehacientemente antes de 1861, y las que encontramos de 1860 o fechas anteriores las podríamos considerar prototipos (por lo que a España respecta) con cartones que, en muchos casos, tienen tamaños que no se ajustan totalmente al que acabará imponiéndose de 64x100 mm, y en algunos no se incluye todavía la publicidad impresa del fotógrafo, o se utilizan sellos de tinta. Por poner un ejemplo, el elegante retrato de Lola (así firma la dama), realizado por Planchard y Lorichon en Santander y que se reproduce a continuación, tiene un cartón de 67x105 mm, que por exceso de anchura no entra en las ventanas de los álbumes de CDV´s. Esta disparidad de medidas afecta también a la producción más temprana de los grandes autores de la fotografía española. Por poner algunos ejemplos, tengo en mi colección tarjetas de Martínez de Hebert de 57x101, de Albiñana de 62x105, de Laurent de 67x101, otra también de Laurent de 63x101, y por fin de Disderi, autor de la patente, de 62x106 mm.



Fotografía de J. Planchard  y E. Lorichon, cuesta de Jibaja, 3 Moderno, Santander, CDV 1860.

Reverso de la anterior CDV



A la izquierda, CDV de J. Planchard y E. Lorichon, que  sólo consigue entrar en la ventana del álbum porque está rasgada la abertura inferior, A la derecha CDV de Disderi que se ajusta perfectamente a la medida de la abertura. 

Las primeras noticias de la presencia de Julio Planchard en Santander son del mes de julio de 1860, cuando llega acompañado por Enrique Lorichon que ya había estado en Santander en 1857 acompañado por Marquetti, como indican Bernardo Riego y Ángel de la Hoz en la obra Cien años de fotografía en Cantabria (Lunwerg, 1987).  El regreso de Lorichon, acompañado en esta ocasión por Planchard, habría que situarlo en el contexto de la ambulancia habitual entre los daguerrotipistas y fotógrafos de primera hora.

Su presencia en un lugar tan alejado de Levante como Santander, puede obedecer a diversas circunstancias. En primer lugar al conocimiento previo que tenía Lorichon de Santander, lo que implicaba una red de contactos y la consiguiente expectativa de negocio, en una ciudad entonces en expansión debido a su puerto y al comercio ultramarino, y por tanto con un creciente número de potenciales clientes pertenecientes a la pujante burguesía local, y también (esto es una hipótesis) al hecho de que a pesar de las difíciles comunicaciones terrestres de la época (en esos momentos todavía estaba empezando a tenderse en España la red ferroviaria), existía una comunicación marítima regular de vapores entre los puertos de Santander y Alicante, con prolongación a Barcelona y Marsella, y paradas en otros puertos intermedios, lo que constituía una alternativa más rápida y cómoda en largas distancias que los caminos y diligencias, sobre todo teniendo en cuenta el voluminoso y delicado instrumental que tenían que transportar los fotógrafos.




Anuncio publicado en el diario santanderino La Abeja Montañesa, de 27 de Mayo de 1864.




El mapa que se muestra a continuación refleja el desarrollo de la red ferroviaria en España en la segunda mitad del S. XIX.


Mapa que muestra el desarrollo de la red de ferrocarriles en el siglo XIX, obtenido en Wikipedia.

A este respecto, resultaría interesante estudiar la influencia que las vías de comunicación o la carencia de ellas, pudieron tener durante la segunda mitad del siglo XIX, en la circulación de fotógrafos ambulantes a lo largo de la geografía española.

Todavía una década más tarde, en el verano 1870, cuando el fotógrafo francés Jules Aynaud (Lunel, Francia 1837- Barcelona 1900) realizó por encargo de la Casa Laurent las vistas de Valencia que dicha casa incorporó a su catálogo de 1872, fotografió una puerta del interior del edificio de la Lonja cubierta de carteles que seguían ofreciendo las mismas comunicaciones por mar. Por ejemplo, podemos leer el cartel del vapor Bayo, que dice: "El nuevo, magnífico y de gran marcha vapor español de hierro a hélice Bayo, para Alicante, Cartagena, Almería, Málaga, Cádiz, Vigo, La Coruña, Vivero, Rivadeo, Gijón, Santander y Bilbao. Admitimos carga y pasajeros". Aunque para esa fecha (1870) ya había alternativa, pues se había tendido gran parte de la red ferroviaria.



Fotografía de J. Laurent, Valencia 912. Puerta interior de la Lonja, circa 1870.

Detalle de la fotografía de J. Laurent, Valencia 912, Puerta interior de la Lonja

También en el diario El Constitucional de Alicante, de 29 de noviembre de 1871, se publica un anuncio del vapor Bayo, que se muestra a continuación:



El Constitucional, de Alicante, de 29 de noviembre de 1871.

Hecha esta digresión sobre las comunicaciones marítimas entre los puertos peninsulares, vuelvo con Planchard y Lorichon, que habían dejado Murcia en mayo de 1860, y así nos cuentan Bernardo Riego y Ángel de la Hoz en el libro Cien años de fotografía en Cantabria, su llegada a Santander: 

Cuando Lorichon vuelve a Santander en el mes de julio de 1860, con otro fotógrafo, Julio Planchard, se encuentran con Iborra (Casimiro Iborra, Yborra o Ibarra) instalado en la calle del Puente; sin duda por estrategia comercial deciden asociarse con él y así los tres montan un gabinete fotográfico en la calle de los Tableros; Planchard e Ibarra son los operadores y Lorichon continúa iluminando los retratos. Todo parece ir bien hasta que comienza a publicarse este curioso aviso:
"Los señores J.Planchard y Enrique Lorichon, retratistas franceses participan al público que viven en el segundo piso de la casa número 4 de la calle de los Tableros. Para evitar toda equivocación hacen esta advertencia con motivo de haberse establecido otro retratista en el primer piso." (Boletín de Comercio de 4 de agosto de 1860).

Por tanto, la sociedad con Iborra fue muy breve, no llegó a un mes, y no parece que llegasen a imprimir cartones para CDV publicitando dicho estudio, porque nunca los he visto, ni tampoco para el estudio que instalaron a continuación Planchard y Lorichon en el segundo piso de la Calle Tableros nº 4. Otra posibilidad es que durante su breve asociación con Iborra utilizasen los cartones que usaba éste, o cartones con reverso en blanco, antes de que alguna desavenencia con el santanderino les llevase a instalarse por su cuenta. En cualquier caso, un estudio con tres fotógrafos se me antoja difícilmente sostenible en el Santander de 1860, donde el único gabinete estable era el de Iborra.

Pocas semanas después, Planchard y Lorichon se trasladan a la Cuesta de Gibaja nº 3,  donde ya sí imprimen tarjetas publicitando su estudio, y trabajan asociados por un corto período de tiempo, siendo escaso el número de fotografías que se encuentran con dicho reverso, todas ellas en formato carte de visite. No se puede descartar que fuese en Santander donde hicieron sus primeros  trabajos en este formato patentando por el francés Disderi.  Precisamente los dos retratos de este periodo que conservo en mi colección, responden a la tipología de prototipos a la que antes aludía (cartón de medida superior al estándar, o recortado a mano).  Poco tiempo después se pierde el rastro de Lorichon, y encontramos a Planchard en el mismo estudio trabajando en solitario o con algún ayudante, pues imprime tarjetas con un nuevo reverso: "Fotografía de J. Planchard y Cia.", y a continuación se asocia unos meses con Amadeo Courbon, también de origen francés, que firmaba sus primeros trabajos fotográficos como Courbon (hijo), para distinguirse de su padre, pintor, residente extranjero ya censado en 1857, como se indica en la obra ya citada Cien años de fotografía en Cantabria. A finales de 1860 o principios de 1861, Planchard dio por finalizada su estancia en Santander, regresando a Alicante y Murcia donde continuó su actividad profesional, y cedió el estudio de la calle Cuesta de Gibaja nº 3 a Amadeo Courbon. De Casimiro de Ibarra (Iborra o Yborra), y de Amadeo Courbon, hablaremos en otra ocasión.

Así tenía yo redactada esta parte del post, dando por perdido el rastro de Lorichon, cuando María Santos García Felguera, fotohistoriadora y profesora de la Universidad Pompeu Fabra, me informó de que había encontrado la inscripción del fallecimiento de Lorichon el 28 de julio de 1862 en Santander, y me facilitó la imagen que con su permiso  muestro a continuación.


Inscripción de defunción de Enrique Lorinchon (sic) el 28 de julio de 1862, localizada por María Santos García Felguera en Family Search.
Entre el verano/otoño de 1860 en que Lorichon abandona su sociedad con Planchard, y la fecha de su fallecimiento el 28 de julio de 1862, hay un lapso de tiempo de casi dos años en los que no tenemos noticias suyas y tampoco existe constancia de que volviese a ejercer su oficio. Tenía por entonces sesenta y un años, y falleció con 63... quizás alguna enfermedad le hizo retirarse?. Permaneció en Santander esos dos años? Todo apunta en esa dirección, pero son cabos sueltos que quedan por atar. También resulta curioso el dato que se ofrece en la inscripción de fallecimiento: "natural de Bord, en Francia", Bord, quizás abreviatura de Burdeos (Bordeaux), cuando se conoce con certeza que fue Belabre su lugar de nacimiento, pero este dato hay que recogerlo con cautela pues estas confusiones eran comunes en la época, y en muchas ocasiones propiciadas por los mismos fotógrafos, como veremos más adelante en el caso de Planchard.

Cabe por tanto a Julio Planchard, el honor de haber sido el último fotógrafo en compartir viaje y estudio con Enrique Lorichon, uno de los pioneros de la fotografía en España.

A su regreso a Murcia y Alicante, Planchard  trabajó en ambas ciudades, tanto en solitario como asociado sucesivamente a Mendoza y Compañía y José Comontes, según se indica en el Directorio de Fotógrafos de España, de Mª José Rodríguez Molina y José Ramón Sanchís Alfonso. Además, no sólo realizó retratos, ya que también se conoce una colección de vistas de la ciudad de Murcia en formato carte de visite, de la cual ofrezco dos muestras con una vista de la Feria, con las casetas instaladas junto al río, y otra vista del Monasterio de San Jerónimo.



Julio Planchard y Cia. Calle de Rillo nº 10, Murcia. CDV, Circa 1861.


Julio Planchard y Cia. Calle de Rillo nº 10, Murcia. Reverso de la fotografía anterior. CDV, Circa 1861.

Julio Planchard y Cia. Calle de Rillo nº 10, Murcia. CDV, Circa 1861.

Mª José Rodríguez Molina y José Ramón Sanchís Alfonso, en su libro Los Crozat y otros fotógrafos alcoyanos del siglo XIX, Ayuntamiento de Alcoy 2015, aportan interesantes datos sobre la venta a Julio Planchard Thenille del privilegio de patente del sistema Crozat para la ciudad de Murcia. En el contrato ante notario firmado el 4 de mayo de 1863, Crozat le vendió dicho privilegio por cinco años en el precio de 5.000 reales, pudiendo usarlo únicamente en la ciudad de Murcia. Dicha escritura contiene también otros datos importantes: Planchard era natural de Moulins en el Departamento de Allier, estaba casado, tenía entonces cincuenta y un años, y estaba domiciliado en la calle Lillo nº 10. Resulta sorprendente que después de desembolsar una suma tan considerable para la época, no publicitase el sistema Crozat en sus reversos como hicieron otros fotógrafos, y que no se encuentren retratos suyos en los que se identifique la utilización de dicho sistema.

A continuación se muestran de forma cronológica aproximada los reversos de CDV localizados hasta ahora, que fue utilizando Planchard a lo largo de su actividad profesional. Los más antiguos son a mi parecer los utilizados durante su estancia en Santander, y coinciden con la extensión generalizada del uso de la CDV en España como sistema favorito de retrato entre la burguesía.



J. Planchard y E. Lorichon. Cuesta de Jibaja (sic) 3 Moderno. Santander. CDV, 1860
Fotografía de J. Planchard y Cia. Cuesta Gibaja 3, Santander, CDV, 1860
  
J. Planchard y Courbon (hijo). Cuesta de Gibaja, 3. Santander. CDV, 1860


Julio Planchard, fotógrafo, Murcia. CDV, Circa 1861. Imagen obtenida en Internet

Por lo que respecta a su asociación con el fotógrafo José Comontes, Asensio Martínez Jodar, me ha facilitado un anuncio aparecido en el diario La Paz de Murcia el 06/11/1867:

J. Planchard y comp./Plaza de Fontes, núm. 4.
De regreso en esta capital el bien conocido fotógrafo D. Julio Planchard y asociado con el señor D. José Comontes, tiene el honor de ofrecer al público bajo la razón J. Planchard y compañía, su nuevo y elegante gabinete fotográfico en el que sus bien estudiadas condiciones se obtiene la mayor precisión y exactitud en los retratos y demás trabajos fotográficos que se encomienden.

No he encontrado ningún reverso de CDV de Planchard asociado al fotógrafo José Comontes, ni con la dirección de la Plaza de Fontes nº 4, por lo que es probable que dicha asociación durase poco, dado que un fotógrafo como Comontes, que se publicitaba en el reverso de sus tarjetas con el escudo real, parece poco probable que colaborase en una sociedad de forma tan subordinada que no apareciese su nombre.

Fotografía de Julio Planchard y Cia. Calle de Rillo nº 10, Murcia. CDV Circa 1867. Imagen obtenida en Internet.

En el siguiente reverso, ya en sociedad con Mendoza y Compañía, incorpora el escudo real y la mención de "Fotógrafo de SS.MM.". Posiblemente se trate del fotógrafo E. Mendoza, que anunciaba su "Galería de Cristales" en la calle Balcones Azules nº 1-2º de Cartagena, y que ya se anunciaba en los reversos de sus CDV como "Fotógrafo de SS.MM.". Resulta curioso que éste sea el único reverso de CDV de Planchard en el que figura el escudo real y se anuncia como fotógrafo de SS.MM., por lo que es probable que ese privilegio lo tuviese sólo Mendoza.



Planchard, Mendoza y Cia, fotógrafo de SS.MM. Calle del Príncipe Alfonso nº 68, Murcia.CDV, Circa 1867. Imagen obtenida en Internet.

La siguiente imagen, muestra un reverso en la misma dirección de la Calle Príncipe Alfonso nº 68, pero ya sin mención a Mendoza, sin escudo real, ni mención a la condición de fotógrafo de SS.MM. La duda es cual es anterior y cual posterior.

Julio Planchard y Cia. Calle del Príncipe Alfonso nº 68, Murcia. CDV, Circa 1867. Imagen obtenida en Internet


Por lo que respecta a su presencia en Alicante, se anuncia siempre como "J. Planchard y Cia", pero sin indicar el nombre del socio o socios. Primero en el Paseo de la Reina nº 15, y posteriormente en el Paseo de Méndez Núñez nº 20.

J. Planchard y Cia. Paseo de la Reina Num. 15, Alicante. CDV, Circa 1865. Vestido de la dama coloreado. Colección Maite Sánchez de Gurtubay


Reverso de la fotografía anterior, Fotografía de J. Planchard y Cia, Paseo de la Reina nº 15 Alicante.

Fotografía J. Planchard y Comp. Paseo de Méndez Núñez, 20. Alicante. CDV, circa 1869. Colección Javier Sánchez Portas.


Julio Planchard y Cia. Paseo de Méndez Núñez, 20, Alicante, CDV, circa 1869. Imagen obtenida en Internet

Julio Planchard, Paseo de Méndez Núñez, 20, Alicante, CDV, circa 1870. Colección Javier Sánchez Portas.
De su etapa en Alicante, hay referencias a través de Mª José Rodríguez Molina y José Ramón Sanchís Alfonso, de otro reverso del cual no he conseguido encontrar una imagen para mostrarla aquí. Dicho reverso indicaría "Fotografía de Planchard, Torres y Guillem. Alicante". Tratándose Guillem, de Elío Guillem del que se conoce una tarjeta suya en cuyo reverso indica "Elío Guillem, pintor fotógrafo, Paseo de la Reina n. 15, Alicante", lo cual permite pensar que quizás Planchard traspasó a Guillem el estudio del Paseo de la Reina, pasando a instalarse en Méndez Núñez con el fotógrafo Ginés Torres Vivanco, como veremos más adelante. 

Gracias a Javier Sánchez Portas he sabido que en el periódico El Constitucional de 28 y 29 de noviembre de 1871, aparecieron sendos anuncios que ofrecían interesantes datos:

"Lengua francesa. Paseo de Méndez Núñez 20.3º. Mr. J. Planchard, de Versalles, abrirá un curso de este idioma el día primero de Diciembre, cuyo precio variará según el número de discípulos que se harán inscribir. Pagado por mes anticipado."

Como podemos comprobar, la fotografía no debía ser una actividad demasiado rentable, cuando tenía que recurrir también a dar clases de francés. Además es curioso el adorno "de Versalles", cuando en la escritura de compra de la patente a Crozat, había declarado que era natural de Moulins. Resulta evidente que de cara a publicitarse adornaba más decir que era natural de Versalles, que de una pequeña ciudad desconocida para la clientela local.

También en El Constitucional, de Alicante de 19/08/1877 se publicaba el siguiente anuncio:

"Tenemos noticias de que el reputado fotógrafo Sr. A. Lavigne, viene a pasar entre nosotros las temporada de baños tomando por traspaso para sus trabajos verdaderamente artísticos, la galería que fue de D. Julio Planchard, paseo de Méndez Núñez nº 20. Sea bienvenido"

Gracias a esta información podemos conocer que Planchard cerró su estudio en Alicante a mediados de 1877 ¿cuál fue su nuevo destino?

Para responder a la pregunta anterior, es decisiva la información que me facilita el fotohistoriador y director del Archivo de Valls, Jep Martí Baiget; en primer lugar sobre el padrón de habitantes de Alicante de 1870, donde se indica que Julio Planchard figura domiciliado en la calle Méndez Núñez nº 20, con dos años  de residencia, y con él reside otro fotógrafo: Ginés Torres Vivanco.

También me proporciona Jep Martí dos anuncios de prensa, importantes para conocer la actividad de Planchard en estos últimos años de su trayectoria profesional, parcialmente retirado de su actividad como fotógrafo. El primero publicado en el diario La Opinión, de Tarragona el 15 de julio de 1879:

"Establecimiento fotográfico de Torres. Plaza de la Fuente nº 24. Dicho Establecimiento ofrece al público el nuevo procedimiento de fotografías en colores varios, los cuales son completamente inalterables. Curso de francés. El catedrático de francés Mr. Planchard, de Versalles, da lecciones de dicha legua por un procedimiento sumamente sencillo. Dicho señor, reside interinamente en la fotografía del Sr. Torres".

El segundo anuncio es del Diario de Tarragona, de 18 de julio de 1879:

"Importantísimo. El acreditado fotógrafo Sr. Torres tiene el honor de anunciar al público un nuevo sistema de fotografías en colores variados y que tienen la ventaja de ser inalterables, siendo el único fotógrafo que hasta el día ha introducido en España tan indisputable mejora. Habiéndose establecido en esta ciudad Mr. Planchard, de Versalles, dicho señor dará lecciones de francés por un método sumamente sencillo. Habita en la expresada fotografía, plaza de la Fuente, núm. 24, 3.º"

A la vista de estos anuncios podemos comprobar que el fotógrafo Ginés Torres Vivanco, que se formó en Alicante en el estudio de Julio Planchard, se estableció en Tarragona en 1879, y que en esa fecha Julio Planchard había abandonado (al menos parcialmente) la fotografía, dedicándose a dar clases de francés, anunciándose nuevamente como "de Versalles", y ahora además como "catedrático", utilizando para ello el estudio que regentaba su antiguo oficial, y posiblemente compartiendo gastos.  Tenía ya 67 años.

Por el Directorio de Fotógrafos, sabemos que en los años 1881 y 1882, un fotógrafo de apellido Planchard se encontraba activo en la calle Diana de la localidad de Denia (Alicante). ¿Podría tratarse de nuestro Julio? Lo infrecuente del apellido apuntaba en esa dirección. Yo no había localizado ninguna fotografía con un dorso impreso que lo corroborase, hasta que Maria José Rodríguez Molina me puso en la pista del texto publicado por José Huguet Chanzá, "El progreso de la fotografía" en Historia de la fotografía valenciana, (Levante-El Mercantil Valenciano, 1990, pp.85-104). En dicho texto se publicaba una carte de visite de gran originalidad y rareza, de la colección familiar de Antonio Espinós. Original porque su reverso publicitario no está impreso, si no que incorpora una fotografía con el texto "Julio Planchard, Denia. Lo que se ve desde mi galería", mostrando una vista general de Denia, y rara porque es el único ejemplar de este tipo que conozco.


Julio Planchard, Denia, Reverso de CDV. Lo que se ve desde su galería. Colección Antonio Espinós. Circa 1870
  
Julio Planchard, Denia, Anverso de la CDV anterior. Colección Antonio Espinós. Circa 1870

Gracias a la ayuda de Javier Sánchez Portas, pude ponerme en contacto con Antonio Espinós, quien amablemente me facilitó una imagen de esta cdv, y me proporcionó también algunos interesantes datos adicionales sobre Planchard obtenidos en el archivo de Denia: Javier Calvo, en su libro Agricultura, Industria y Comercio en la Dénia del siglo XIX, (Ed. Club Universitario, 2003), en la página 262 dice: "incluso ya hacia 1870 aparecen algunos fotógrafos, como el francés Julio Planchard (el cual también poseía una academia de francés e italiano en la calle Diana)". También me confirma que en la matrícula industrial de esos años no aparece ningún Planchard, ni aparece empadronado en dicha calle, aunque su estancia en Denia hacia 1870 tuvo cierta vocación de permanencia, dado que ofrecía clases de idiomas. Además con estas últimas informaciones añadimos un nuevo dato a su curriculum: profesor de italiano. Este curioso detalle, me ha hecho aventurar la hipótesis de que su llegada a Levante y Andalucía fuese procedente de Italia, donde posiblemente practicó el oficio y aprendió el idioma. Al menos, parece la explicación más lógica para que un francés de Auvernia, en la Francia profunda, tuviese un conocimiento lo suficientemente avanzado de la lengua italiana como para dar clases. Si añadimos a ello las frecuentes comunicaciones marítimas entre los puertos mediterráneos, a las que antes me he referido, que pudieron facilitar su llegada, la hipótesis puede ser verosímil, o utilizando (con Planchard) la lengua de Dante, se non è vero, è ben trovato.

No obstante, entre su primera presencia en Denia en 1870, y su regreso en 1881, hubo un largo paréntesis, y no parece que esta última estancia haya dejado rastros fotográficos, ya que no he encontrado ninguna fotografía que se pueda atribuir a este periodo final. En 1882 se pierde definitivamente la pista de Julio Planchard, aunque para entonces ya tendría una edad de 70 años.

Resulta dificil establecer con precisión, la cronología exacta de su presencia en cada uno de los estudios y localidades mencionados, por lo que algunos de los datos ofrecidos sólo pueden ser considerados como aproximados, y posiblemente haya que corregirlos a medida que vayan apareciendo nuevas informaciones. También parece muy probable que Planchard alternase su presencia en Murcia, Alicante y Denia, de forma intermitente, y es probable que en ocasiones mantuviese varios estudios abiertos al mismo tiempo, con la ayuda de otros fotógrafos que actuaban como socios o empleados, u oficiales formados por él, como pudo ser el caso de Ginés Torres Vivanco.

Para saber más sobre Enrique Lorichon recomiendo la lectura del post Tras los pasos de Lorichon, en el blog de la Colección Fernández Rivero de Fotografía Antigua, y el artículo Barcelona y la daguerrotipia, de Maria de los Santos García Felguera y Jep Martí Baiget en el libro El daguerreotip L´inici de la fotografía. Sobre Julio Planchard y los fotógrafos que utilizaron el sistema Crozat, el libro de Mª José Rodríguez Molina y José Ramón Sanchís Alfonso, Los Crozat y otros fotógrafos alcoyanos del siglo XIX, Ayuntamiento de Alcoy 2015, y por último, también de estos dos autores el Directorio de Fotógrafos en España (1851-1936).


viernes, 21 de julio de 2017

Dos miradas a Los Picos de Europa, en Santillana del Mar

En el Palacio de Caja Cantabria en Santillana del Mar, se ha inaugurado ayer la exposición "Dos miradas a los Picos de Europa". La exposición, que permanecerá abierta hasta el 20 de agosto, muestra las imágenes originales del viaje por Liébana de los viajeros británicos Lewis Clapperton y Cecil Ogilvie en 1894, y las fotografías actuales de la fotógrafa María Antonia García de la Vega, en un diálogo de imágenes de la comarca lebaniega y de los Picos de Europa separadas por un siglo y cuarto de diferencia. 


Las imágenes del viaje de Clapperton y Ogilvie, fueron expuestas en la Sala Ángel de la Hoz del Centro de Documentación de la Imagen del Ayuntamiento de Santander (CDIS) desde el 5 de abril al 18 de Junio.  La exposición fue comisariada por Araceli Cavada Selaya, y el texto del artículo publicado por Lewis Clapperton en la revista "Travel" fue traducido al castellano por Carmen Varela Torrecilla.
 

A destacar también el marco de exposición, uno de los más hermosos edificios de la villa de Santillana del Mar. El palacio de Caja Cantabria, antiguo palacio de la familia Peredo Barreda, de finales del siglo XVII y tradición tardo barroca, al que acompañan dos edificios de tradición gótica, todos ellos enmarcados por un jardín botánico histórico de 75.000 m2 de gran belleza.
 
 

Artículo Publicado en El Diario Montañés de 20/07/2017 
 
Las fotografías de María Antonia García de la Vega forman parte de su proyecto titulado "Memorándum Natura II. La montaña transformada en paisaje".
  









Las fotografías realizadas por Cecil Ogilvie, durante su viaje a los Picos de Europa en compañía de Lewis Clapperton y un tercer viajero cuyo nombre ha quedado en el anonimato. Seis de ellas fueron publicadas en el artículo "The Picos de Europa" publicado por la revista "Travel" en Junio de 1898.







 
 

martes, 23 de mayo de 2017

Visita virtual a la exposición: The Picos de Europa, memoria fotográfica de un viaje en 1894.

Desde el pasado 5 de abril, tenemos la oportunidad de ver en la Sala de Exposiciones "Ángel de la Hoz", del Centro de Documentación de la Imagen del Santander (CDIS), la Exposición The Picos de Europa, memoria gráfica de un viaje en 1894, que estará abierta hasta el 18 de Junio. Se incluye a continuación una visita virtual a la misma.

Un alto en el camino a Tresviso  (Group on  Tresviso Path) 1894.

El origen de la exposición está en el hallazgo de un álbum que incorporé a mi colección, en principio anónimo, formado por 37 fotografías originales (realizadas por el procedimiento de gelatina de ennegrecimiento directo) de un viaje realizado a través del desfiladero de La Hermida, hasta Potes y Tresviso, y en el que también se incluían imágenes de Treceño, Panes, Arriondas, Llanes, San Vicente de la Barquera, Bilbao y Biarritz. Las fotos se han expuesto siguiendo el mismo orden que ocupaban en el álbum que muestra el viaje en sentido inverso, iniciando el recorrido en Potes y finalizando en Biarritz.

El álbum. Imagen de la cubierta.


El álbum abierto

El álbum, ventana vacía con sello de tinta en la que se indica la marca.

Las investigaciones realizadas por Araceli Cavada, comisaria de la exposición, y la acertada intuición de Elisa Villa, profesora de la Universidad de Oviedo, que sospechó que podía tratarse de Lewis Clapperton y nos remitió una copia del artículo publicado por él en la revista "Travel" en Junio de 1898, nos llevaron a confirmar el origen de las fotografías, dado que tres de las seis que ilustran el artículo, realizadas por su acompañante Cecil Ogilvie, estaban en el álbum.

Drinking from Bota
 
El 29 de septiembre de 1894, tres jóvenes escoceses se embarcaron en Liverpool, procedentes de Glasgow, rumbo al puerto de Santander, con la intención de adentrarse en una región poco conocida para los viajeros británicos "Los Picos de Europa".  El primero de ellos, Lewis Clapperton escribió un artículo titulado "The Picos de Europa" que fue publicado en la revista "Travel" en Junio de 1898, ilustrado con fotografías obtenidas durante el viaje por su compañero Cecil Ogilvie, del tercero de los viajeros no tenemos referencias al no hacerse mención a él en el artículo. Hace una década, llegó a mis manos este álbum conteniendo 37 fotografías. Ignoro a quién pudo pertenecer, y está claro que es sólo una selección de las fotos que hicieron, dado que algunas de las publicadas en el artículo no aparecen en el álbum, y también resulta extraño que no haya ninguna de Santander. El álbum se centra en la ruta de acercamiento a Picos de Europa y Potes a través del desfiladero de La Hermida, con subida posterior desde Urdón al aislado pueblo de Tresviso, y en su posterior regreso por Covadonga, Santander, desde allí a  Bilbao en barco de cabotaje, para seguir a San Sebastián, Biarritz y tomar el tren a París.

Resulta de gran interés el artículo publicado (y premiado) por la revista "Travel", tanto para conocer el detalle del itinerario seguido por los viajeros, como por los detalles que aportan sobre los lugares que visitan, desde su punto de vista de ingleses de clase alta que a finales del siglo XIX se internan en una comarca casi virgen y muy poco frecuentada por viajeros. Su prosa no exenta de británica ironía, es ligera y agradable de leer, y sabe condensar los detalles más interesantes del viaje en la brevedad del artículo, con el apoyo de las imágenes. Como herramienta y fuente de información para la preparación del viaje utilizaron el libro "The Highlands of Cantabria" de sus compatriotas Mars Roos y Stonehewer Cooper, que también anduvieron por estas tierras unos años antes, en 1885.

La exposición se inicia con un panel con un texto introductorio, y otro con una reproducción del artículo en la revista "Travel" , y la traducción al castellano realizada por Carmen Varela Torrecilla, que se incluye al final de este post.
 
 
 



 
 

 

 


 
 
 
 
La exposición permanecerá abierta hasta el 18 de Junio.
 
LOS PICOS DE EUROPA
Por Lewis Clapperton
Fotografías por Cecil Ogilvie

¿Qué son y donde están los Picos de Europa? Se preguntará el lector y, ciertamente, no tiene por qué hacerlo si nunca ha oído hablar de ellos, ya que, exceptuando Madrid, Burgos y las famosas ciudades del Sur, España continúa siendo muy poco conocida para los turistas. Los Picos de Europa son las cimas más altas de la cordillera cantábrica -cordillera a no confundir con los Pirineos- que corre a lo largo de la costa sur del golfo de Vizcaya desde el oeste de Santander hasta cerca de Coruña. En altura alcanzan los 11.000 pies (3.352,8 m.) y, al ser una formación caliza, presenta picos dentados y contornos rugosos de una grandiosidad raramente igualada. Cada uno de sus valles ha sido escenario de alguno de los feroces ataques con los que Pelayo y su tropa de patriotas, emergiendo desde la resistente Covadonga, detuvieron la victoriosa carrera de los Moros, y empezaron la guerra de guerrilla que terminó setecientos años más tarde, cuando los Sarracenos fueron finalmente vencidos y Granada, su último bastión en España, les fue arrebatado en 1492. Estando en el sur de España habíamos tenido vagas noticias, de los bellos paisajes de este rincón del país, pero fue difícil poder encontrar información fidedigna de él hasta que encontramos un interesante libro titulado “The Highlands of Cantabria” de Mars Ross y Stonehewer Cooper, al que referimos a cualquiera que desee información. Las descripciones gráficas del paisaje y de la gente que contenían sus páginas nos decidieron a visitar la región por nosotros mismos, por lo que, habiendo recogido del mismo una valiosa cantidad de información en cuanto a rutas y teniendo, con alguna dificultad, un pasaje asegurado en un buque cubano que se dirigía a Santander, navegamos desde Liverpool, un grupo de tres personas, el 29 de septiembre de 1894 y llegamos a Santander temprano el 2 de octubre después de un agradable viaje, mostrando el golfo de Vizcaya su cara mas amistosa. Santander es una agradable y bulliciosa ciudad, y se ha recobrado muy pronto de los efectos de la terrible explosión de noviembre de 1893, cuando murieron 623 personas y cerca de la totalidad de los edificios frente al mar fueron demolidos.
Desconociendo la lengua, fuera de las simples y pocas palabras tomadas de una gramática española durante una trivial quincena, no quisimos aventurarnos en el corazón del país sin un intérprete por lo que habíamos escrito a una compañía de Santander a quien conocíamos, explicando nuestros requerimientos y estuvimos encantados al encontrar a nuestra llegada que habían previsto para nosotros a un hombre que era capaz de actuar como sirviente e intérprete. Era un marinero maltés que había residido durante algunos años en Santander.¿Qué importa que su inglés fuera ocasionalmente flojo -a menudo fuerte y con sabor a mar- y que llevara sus efectos personales en un pañuelo de bolsillo rojo? José era un atento y servicial hombrecillo, muy divertido y justo lo que queríamos, ya que, sabiendo exactamente a donde deseábamos ir, no necesitábamos un servicio formal.
En Santander, con la ayuda de nuestros amigos obtuvimos permiso para visitar la fábrica de tabaco, la más importante del norte de España. Los variados procesos son bastante interesantes, pero nuestro apetito por el tabaco español no se ha incrementado viendo la manufactura, ya que la variedad y fuerza de los olores están más allá de la descripción.
Hay varios lugares bonitos para bañarse en la hermosa bahía de Santander que no dejamos de visitar pero nuestra meta eran los Picos y el río Deva, así que al día siguiente empezamos en el tren y después de un trayecto de una hora llegamos a Torrelavega, donde intentamos alcanzar el coche de línea de Santander a Oviedo, pero encontrando que podíamos alquilar un transporte que nos llevara al Deva por poco más que las tarifas combinadas de nosotros tres y José, así lo hicimos y nos fuimos gloriosamente en un carruaje tirado por dos pares de caballos (alrededor de una peseta por milla) hasta el pueblo de Unquera en el Deva, en route (de camino) pasamos por Santillana, el lugar de nacimiento de Gil Blas, y por Comillas un balneario a la moda entre la gente de Madrid. Alrededor de una milla después del puente de Unquera, el Deva desemboca en el Golfo de Vizcaya a través de una gran hendidura en el muro que forman los acantilados de la línea costera. Entre el puente y el mar, el río es una fina banda de agua navegable por pequeños botes, principalmente empleados para transportar la calamina y la blenda que abundan en los Picos. Al final del puente está la excelente posada del señor Velarde, cuyo único inglés consiste en “Plentyo’watter, yougoodhealth, chin, chin!” (Lleno d’agua, usted buena salud, chin, chin)que suelta en cuanto puede en medio de sus estridentes risas y de las de su mujer y sus hijas.
Desde Unquera caminamos, por el Deva hasta Potes, una distancia de unas sesenta millas (96,560 km), enviando cada día por coche nuestro equipaje y parándonos en diversos pueblos durante el camino. Durante alrededor de treinta millas (48,280 km) la carretera, que sobrevuela el río, pasa a través del desfiladero de Cillorigo, una garganta probablemente sin igual en Europa, donde el caminante mira hacia arriba y ve, a cada lado sobre él, los acantilados de dos o trescientos pies (60,96-91,44 m), un horizonte fantástico con una faz desnuda y rugosa convertida ahora en una masa audaz y aislada de roca que parece bloquear el camino. Durante millas, no se ve ni una sola casa; nada más que rocas y riscos, con muchas cascadas corriendo hacia el Deva, a mitad escondido por fantásticas masas de helechos. A menudo se pueden vislumbrar por encima de alguno de esos cursos de agua, más allá de los acantilados que sobrevuelan el río, las cumbres de los Picos brillando blancas al sol.
La excelente carretera hecha por el gobierno hacia 1868, sigue muy de cerca el río, ahora por un lado, luego por el otro cruzándolo con puentes de fina piedra, tanto se tuerce y tan cerca están los lados de la garganta que uno está constantemente rodeado por un círculo de rocas salvajes entre las que no es visible ninguna salida. En Hermida, Panes y Lebeña la garganta se ensancha un poco pero se dice que en el primer pueblo mencionado en medio del invierno sólo tienen una hora de sol directo cada día.
Nuestro progreso subiendo el valle no era muy rápido, ya que las claras y verdes aguas del río nos inducían a tratar de atrapar alguna de las muchas truchas que veíamos en las piscinas, pero debido al ya final de temporada y los brillos del sol, nuestro éxito era limitado. Pescar es un asunto de extrema dificultad con esas escarpadas laderas, pero aunque teníamos tantas ganas de pescar como para desperdiciar algunos lamentos sobre la insensible naturaleza de la trucha española, la grandeza del paisaje lo compensaba ampliamente.
Panes es un agradable pueblo situado en una hendidura del desfiladero y tiene buenas posadas. Desde el puente de hierro hay una vista preciosa del bonito pico de Peñamallera, cuya aislada posición lo convierte en uno de los más sorprendentes de los Picos.
Hermida tiene un balneario de aguas termales, pero este, junto con su principal posada estaba cerrado por la temporada. La posada en la que pasamos una noche fue la peor en la que estuvimos en todo el viaje. Pequeña y sucia, fue para nosotros un pequeño consuelo el recordar que nuestra visita fue una fuente de gran placer y provecho para bastantes especímenes de los “chamois de Mark Twain” (las chinches) las cuales, aparentemente por enjambres,han disfrutado enormemente del sabor de la sangre británica. Debe añadirse, sin embargo, en justicia para las posadas de la región, que esta fue la única experiencia de este tipo de incomodidad, aunque en cuanto a la falta de ciencia sanitaria se podría decir mucho. De hecho, la gente cuida de que nada salga mal con los desagües no teniendo ninguno. El arreglo general de la mayoría de las pequeñas posadas es característico. La planta baja es generalmente un bar o una tienda de pueblo y las habitaciones de huéspedes están en los pisos superiores abiertas hacia el comedor. Estas son, a menudo, simples armarios, a veces sin ni siquiera una ventana, pero generalmente limpísimas, la ropa de cama impecablemente blanca y preciosamente ornamentada con encaje hecho a mano. Encima de Lebeña, cuya pintoresca iglesia es muy interesante, acaba el desfiladero, el paisaje se vuelve más fértil y crecen muchas viñas, especialmente cerca de Potes, que es un estupendo ejemplo de vieja ciudad española. Muchas de las casas tienen artísticos escudos de armas esculpidos encima de puertas de roble claveteadas y hay un viejo castillo que una vez fue el asiento del duque de Osuna. En la calle principal, los pisos superiores de las casas sobresalen como en Chester formando el paseo preferido durante el calor del día. Las colinas cercanas están cubiertas en sus cimas por viñas y detrás está la magnífica y densa fila de picos brillando al sol.
Aquí pasamos dos o tres días trepando por los alrededores. Era el tiempo de la vendimia y todo el mundo andaba ocupado recogiendo los racimos de uvas, el vino local es bien conocido y apreciado en todo el norte de España. Por  invitación visitamos los viñedos y bodegas del doctor del pueblo y vimos el proceso de prensar las uvas a la antigua manera bíblica que, aunque no es el modo más limpio de extraer el jugo, produce excelentes resultados.
Desde Potes retrocedimos sobre nuestros pasos hasta la posada de Urdón al borde del camino, desde donde un sendero se desvía hacia Tresviso, un pueblo montañés de gran antigüedad a 6000 pies (1828,8 m) sobre el nivel del mar y 2000 (609,6 m) sobre Urdón. El sendero tiene unos ocho pies de anchura (2,43 m), bastante desprotegido sin valla o muro, zigzaguea por el acantilado en el más extraordinario de los sentidos y sólo es accesible a peatones y burros o mulas. En el camino se pueden ver tres puentes naturales todos arriba en los picos, nos dijeron que son bastante inaccesibles. Tresviso es famoso por un queso de muy mal olor y por una curiosa tela marrón, con la que se hacen los trajes de los hombres y que es prácticamente eterna. La iglesia contiene probablemente el más antiguo registro de nacimientos y muertes del mundo, datando del siglo noveno. Tresviso fue visitado por el rey Alfonso XII en 1882, cuando estaba cazando rebecos por los Picos, debemos decir, que no eran la clase de rebecos que vimos en la Hermida.
Según nos aconsejaron, desechamos nuestras botas para la subida a Tresviso e hicimos el ascenso en alpargatas, que es como se llama a los zapatos nativos. La suela es de cáñamo retorcido y la parte superior de lienzo. A nuestro parecer, no fue un éxito ya que, aunque procuran un buen agarre incluso en las rocas resbaladizas, no protegen los pies de las afiladas rocas que en muchas partes conforman el camino.
El tiempo era opresivamente cálido, y el sendero excesivamente escarpado así que no es de extrañar que, en el momento en que habíamos superado lo peor del mismo, nuestras almas anhelaran un refrigerio. Teníamos con nosotros una bota que habíamos comprado en Potes y que habíamos llenado esa mañana con el excelente vino de la región. Nuestros primeros ensayos para beber con ella no fueron muy exitosos, el líquido mostraba una decidida inclinación a caer fuera de nuestras gargantas en lugar de caer dentro, pero tras las objetivas lecciones de José y de dos hombres de Tresviso que encontramos en el camino quienes estuvieron dispuestos a enseñarnos el método correcto tan a menudo como deseábamos mientras hubiera vino, lo logramos bastante bien y pronto nos convertimos en expertos. Encontramos que es el método más delicioso de saciar la sed, y extremadamente refrescante.
El pueblo de Tresviso está situado en un pequeño hueco o recoveco en medio de los Picos, que se elevan por todos lados por encima de él. La vista desde arriba del alto terreno es magnífica, mostrando fila tras fila de rocosos picos. Las casas son de lo más pobre, siendo apenas posible para un hombre alto mantenerse erguido en ellas, incluida la casa del cura que es la más grande del pueblo.
Desde Panes, después de una estancia de varios días, iniciamos nuestro camino hacia Covadonga. La carretera se ramifica fuera del valle del Deva y sigue a su tributario el Cares, atravesando entonces la cuenca del Sella. Hicimos una muy encantadora pero, debido al gran calor, muy fatigante caminata de treinta y dos millas  (51,4 km) hasta Onis, desde donde, al día siguiente, nos encaminamos hacia Covadonga que se encuentra en la cabecera de un pequeño valle, un perfecto cul de sac (callejón sin salida) desmarcado del Sella. Allí visitamos la famosa cueva en la que Pelayo, el libertador de España, y su patriótica hueste de 300 seguidores fundaron un santuario hacia el 718 d. C. y desde el que iniciaron su ofensiva contra los moros.
Aquí se coronó a sí mismo Pelayo como rey de Asturias, León y Castilla, su corona se hizo con las puntas de lanza de los moros que había matado con sus propias manos. Pelayo está enterrado en este nunca conquistado lugar de España. Alrededor hay conventos y monasterios, está siendo construida una nueva catedral y la cueva misma está decorada con un altar gótico; de hecho, la iglesia ha ocupado todo el lugar. Miles de peregrinos visitan Covadonga cada año.
Desde Covadonga regresamos a Santander en coche de línea por la carretera costera de Ribadesella, Unquera y Llanes, un agradable pequeño puerto donde pasamos la noche. Ir en coche de línea en España es un curioso modo de viajar, suficientemente agradable cuando la carretera es buena. El coche de línea es un gran asunto, con una “berlina” en el frente, un “interior” detrás y asientos encima. Estos últimos son los más baratos y, siendo los más fríos, son los mejores en verano. El coche es conducido por cuatro u ocho caballos o mulas, y el conductor es asistido por un zagal, cuya tarea es bajarse en las subidas y tirar de los caballos con un palo. Antes de remontar a su sitio, recoge un sombrero de piedras que va lanzando a los caballos desde el asiento de conducción a medida que estos van trotando a lo largo del desnivel, y su deleite cuando ejecuta uno de estos pasos es inmenso.
Desde Santander fuimos en un barco de cabotaje a Bilbao y, desde allí a París por tren, visitando San Sebastián y Biarritz; pero esto no necesita formar parte de la visita a Picos. Probablemente la mejor manera de volver sería desde Vigo en un barco de línea  surafricano, pero de hecho, desde Gijón, Coruña y Santander hay muchos vapores que van con mineral a Gran Bretaña y no hay problemas para conseguir un pasaje a casa.
Aquí hallamos entonces un emplazamiento vacacional para hombres a quienes les guste alejarse de los caminos trillados. La gente es cortés, el paisaje magnífico, el clima excelente y el coste de la vida muy barato, una combinación que no siempre se encuentra en otros parajes vacacionales mejor conocidos.

Bridge on Cares

 
Llanes from Bridge


Bilbao from Bridge
 

Biarritz from Hotel

 
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