martes, 23 de mayo de 2017

Visita virtual a la exposición: The Picos de Europa, memoria fotográfica de un viaje en 1894.

Desde el pasado 5 de abril, tenemos la oportunidad de ver en la Sala de Exposiciones "Ángel de la Hoz", del Centro de Documentación de la Imagen del Santander (CDIS), la Exposición The Picos de Europa, memoria gráfica de un viaje en 1894, que estará abierta hasta el 18 de Junio. Se incluye a continuación una visita virtual a la misma.

Un alto en el camino a Tresviso  (Group on  Tresviso Path) 1894.

El origen de la exposición está en el hallazgo de un álbum que incorporé a mi colección, en principio anónimo, formado por 37 fotografías originales (realizadas por el procedimiento de gelatina de ennegrecimiento directo) de un viaje realizado a través del desfiladero de La Hermida, hasta Potes y Tresviso, y en el que también se incluían imágenes de Treceño, Panes, Arriondas, Llanes, San Vicente de la Barquera, Bilbao y Biarritz. Las fotos se han expuesto siguiendo el mismo orden que ocupaban en el álbum que muestra el viaje en sentido inverso, iniciando el recorrido en Potes y finalizando en Biarritz.

El álbum. Imagen de la cubierta.


El álbum abierto

El álbum, ventana vacía con sello de tinta en la que se indica la marca.

Las investigaciones realizadas por Araceli Cavada, comisaria de la exposición, y la acertada intuición de Elisa Villa, profesora de la Universidad de Oviedo, que sospechó que podía tratarse de Lewis Clapperton y nos remitió una copia del artículo publicado por él en la revista "Travel" en Junio de 1898, nos llevaron a confirmar el origen de las fotografías, dado que tres de las seis que ilustran el artículo, realizadas por su acompañante Cecil Ogilvie, estaban en el álbum.

Drinking from Bota
 
El 29 de septiembre de 1894, tres jóvenes escoceses se embarcaron en Liverpool, procedentes de Glasgow, rumbo al puerto de Santander, con la intención de adentrarse en una región poco conocida para los viajeros británicos "Los Picos de Europa".  El primero de ellos, Lewis Clapperton escribió un artículo titulado "The Picos de Europa" que fue publicado en la revista "Travel" en Junio de 1898, ilustrado con fotografías obtenidas durante el viaje por su compañero Cecil Ogilvie, del tercero de los viajeros no tenemos referencias al no hacerse mención a él en el artículo. Hace una década, llegó a mis manos este álbum conteniendo 37 fotografías. Ignoro a quién pudo pertenecer, y está claro que es sólo una selección de las fotos que hicieron, dado que algunas de las publicadas en el artículo no aparecen en el álbum, y también resulta extraño que no haya ninguna de Santander. El álbum se centra en la ruta de acercamiento a Picos de Europa y Potes a través del desfiladero de La Hermida, con subida posterior desde Urdón al aislado pueblo de Tresviso, y en su posterior regreso por Covadonga, Santander, desde allí a  Bilbao en barco de cabotaje, para seguir a San Sebastián, Biarritz y tomar el tren a París.

Resulta de gran interés el artículo publicado (y premiado) por la revista "Travel", tanto para conocer el detalle del itinerario seguido por los viajeros, como por los detalles que aportan sobre los lugares que visitan, desde su punto de vista de ingleses de clase alta que a finales del siglo XIX se internan en una comarca casi virgen y muy poco frecuentada por viajeros. Su prosa no exenta de británica ironía, es ligera y agradable de leer, y sabe condensar los detalles más interesantes del viaje en la brevedad del artículo, con el apoyo de las imágenes. Como herramienta y fuente de información para la preparación del viaje utilizaron el libro "The Highlands of Cantabria" de sus compatriotas Mars Roos y Stonehewer Cooper, que también anduvieron por estas tierras unos años antes, en 1885.

La exposición se inicia con un panel con un texto introductorio, y otro con una reproducción del artículo en la revista "Travel" , y la traducción al castellano realizada por Carmen Varela Torrecilla, que se incluye al final de este post.
 
 
 



 
 

 

 


 
 
 
 
La exposición permanecerá abierta hasta el 18 de Junio.
 
LOS PICOS DE EUROPA
Por Lewis Clapperton
Fotografías por Cecil Ogilvie

¿Qué son y donde están los Picos de Europa? Se preguntará el lector y, ciertamente, no tiene por qué hacerlo si nunca ha oído hablar de ellos, ya que, exceptuando Madrid, Burgos y las famosas ciudades del Sur, España continúa siendo muy poco conocida para los turistas. Los Picos de Europa son las cimas más altas de la cordillera cantábrica -cordillera a no confundir con los Pirineos- que corre a lo largo de la costa sur del golfo de Vizcaya desde el oeste de Santander hasta cerca de Coruña. En altura alcanzan los 11.000 pies (3.352,8 m.) y, al ser una formación caliza, presenta picos dentados y contornos rugosos de una grandiosidad raramente igualada. Cada uno de sus valles ha sido escenario de alguno de los feroces ataques con los que Pelayo y su tropa de patriotas, emergiendo desde la resistente Covadonga, detuvieron la victoriosa carrera de los Moros, y empezaron la guerra de guerrilla que terminó setecientos años más tarde, cuando los Sarracenos fueron finalmente vencidos y Granada, su último bastión en España, les fue arrebatado en 1492. Estando en el sur de España habíamos tenido vagas noticias, de los bellos paisajes de este rincón del país, pero fue difícil poder encontrar información fidedigna de él hasta que encontramos un interesante libro titulado “The Highlands of Cantabria” de Mars Ross y Stonehewer Cooper, al que referimos a cualquiera que desee información. Las descripciones gráficas del paisaje y de la gente que contenían sus páginas nos decidieron a visitar la región por nosotros mismos, por lo que, habiendo recogido del mismo una valiosa cantidad de información en cuanto a rutas y teniendo, con alguna dificultad, un pasaje asegurado en un buque cubano que se dirigía a Santander, navegamos desde Liverpool, un grupo de tres personas, el 29 de septiembre de 1894 y llegamos a Santander temprano el 2 de octubre después de un agradable viaje, mostrando el golfo de Vizcaya su cara mas amistosa. Santander es una agradable y bulliciosa ciudad, y se ha recobrado muy pronto de los efectos de la terrible explosión de noviembre de 1893, cuando murieron 623 personas y cerca de la totalidad de los edificios frente al mar fueron demolidos.
Desconociendo la lengua, fuera de las simples y pocas palabras tomadas de una gramática española durante una trivial quincena, no quisimos aventurarnos en el corazón del país sin un intérprete por lo que habíamos escrito a una compañía de Santander a quien conocíamos, explicando nuestros requerimientos y estuvimos encantados al encontrar a nuestra llegada que habían previsto para nosotros a un hombre que era capaz de actuar como sirviente e intérprete. Era un marinero maltés que había residido durante algunos años en Santander.¿Qué importa que su inglés fuera ocasionalmente flojo -a menudo fuerte y con sabor a mar- y que llevara sus efectos personales en un pañuelo de bolsillo rojo? José era un atento y servicial hombrecillo, muy divertido y justo lo que queríamos, ya que, sabiendo exactamente a donde deseábamos ir, no necesitábamos un servicio formal.
En Santander, con la ayuda de nuestros amigos obtuvimos permiso para visitar la fábrica de tabaco, la más importante del norte de España. Los variados procesos son bastante interesantes, pero nuestro apetito por el tabaco español no se ha incrementado viendo la manufactura, ya que la variedad y fuerza de los olores están más allá de la descripción.
Hay varios lugares bonitos para bañarse en la hermosa bahía de Santander que no dejamos de visitar pero nuestra meta eran los Picos y el río Deva, así que al día siguiente empezamos en el tren y después de un trayecto de una hora llegamos a Torrelavega, donde intentamos alcanzar el coche de línea de Santander a Oviedo, pero encontrando que podíamos alquilar un transporte que nos llevara al Deva por poco más que las tarifas combinadas de nosotros tres y José, así lo hicimos y nos fuimos gloriosamente en un carruaje tirado por dos pares de caballos (alrededor de una peseta por milla) hasta el pueblo de Unquera en el Deva, en route (de camino) pasamos por Santillana, el lugar de nacimiento de Gil Blas, y por Comillas un balneario a la moda entre la gente de Madrid. Alrededor de una milla después del puente de Unquera, el Deva desemboca en el Golfo de Vizcaya a través de una gran hendidura en el muro que forman los acantilados de la línea costera. Entre el puente y el mar, el río es una fina banda de agua navegable por pequeños botes, principalmente empleados para transportar la calamina y la blenda que abundan en los Picos. Al final del puente está la excelente posada del señor Velarde, cuyo único inglés consiste en “Plentyo’watter, yougoodhealth, chin, chin!” (Lleno d’agua, usted buena salud, chin, chin)que suelta en cuanto puede en medio de sus estridentes risas y de las de su mujer y sus hijas.
Desde Unquera caminamos, por el Deva hasta Potes, una distancia de unas sesenta millas (96,560 km), enviando cada día por coche nuestro equipaje y parándonos en diversos pueblos durante el camino. Durante alrededor de treinta millas (48,280 km) la carretera, que sobrevuela el río, pasa a través del desfiladero de Cillorigo, una garganta probablemente sin igual en Europa, donde el caminante mira hacia arriba y ve, a cada lado sobre él, los acantilados de dos o trescientos pies (60,96-91,44 m), un horizonte fantástico con una faz desnuda y rugosa convertida ahora en una masa audaz y aislada de roca que parece bloquear el camino. Durante millas, no se ve ni una sola casa; nada más que rocas y riscos, con muchas cascadas corriendo hacia el Deva, a mitad escondido por fantásticas masas de helechos. A menudo se pueden vislumbrar por encima de alguno de esos cursos de agua, más allá de los acantilados que sobrevuelan el río, las cumbres de los Picos brillando blancas al sol.
La excelente carretera hecha por el gobierno hacia 1868, sigue muy de cerca el río, ahora por un lado, luego por el otro cruzándolo con puentes de fina piedra, tanto se tuerce y tan cerca están los lados de la garganta que uno está constantemente rodeado por un círculo de rocas salvajes entre las que no es visible ninguna salida. En Hermida, Panes y Lebeña la garganta se ensancha un poco pero se dice que en el primer pueblo mencionado en medio del invierno sólo tienen una hora de sol directo cada día.
Nuestro progreso subiendo el valle no era muy rápido, ya que las claras y verdes aguas del río nos inducían a tratar de atrapar alguna de las muchas truchas que veíamos en las piscinas, pero debido al ya final de temporada y los brillos del sol, nuestro éxito era limitado. Pescar es un asunto de extrema dificultad con esas escarpadas laderas, pero aunque teníamos tantas ganas de pescar como para desperdiciar algunos lamentos sobre la insensible naturaleza de la trucha española, la grandeza del paisaje lo compensaba ampliamente.
Panes es un agradable pueblo situado en una hendidura del desfiladero y tiene buenas posadas. Desde el puente de hierro hay una vista preciosa del bonito pico de Peñamallera, cuya aislada posición lo convierte en uno de los más sorprendentes de los Picos.
Hermida tiene un balneario de aguas termales, pero este, junto con su principal posada estaba cerrado por la temporada. La posada en la que pasamos una noche fue la peor en la que estuvimos en todo el viaje. Pequeña y sucia, fue para nosotros un pequeño consuelo el recordar que nuestra visita fue una fuente de gran placer y provecho para bastantes especímenes de los “chamois de Mark Twain” (las chinches) las cuales, aparentemente por enjambres,han disfrutado enormemente del sabor de la sangre británica. Debe añadirse, sin embargo, en justicia para las posadas de la región, que esta fue la única experiencia de este tipo de incomodidad, aunque en cuanto a la falta de ciencia sanitaria se podría decir mucho. De hecho, la gente cuida de que nada salga mal con los desagües no teniendo ninguno. El arreglo general de la mayoría de las pequeñas posadas es característico. La planta baja es generalmente un bar o una tienda de pueblo y las habitaciones de huéspedes están en los pisos superiores abiertas hacia el comedor. Estas son, a menudo, simples armarios, a veces sin ni siquiera una ventana, pero generalmente limpísimas, la ropa de cama impecablemente blanca y preciosamente ornamentada con encaje hecho a mano. Encima de Lebeña, cuya pintoresca iglesia es muy interesante, acaba el desfiladero, el paisaje se vuelve más fértil y crecen muchas viñas, especialmente cerca de Potes, que es un estupendo ejemplo de vieja ciudad española. Muchas de las casas tienen artísticos escudos de armas esculpidos encima de puertas de roble claveteadas y hay un viejo castillo que una vez fue el asiento del duque de Osuna. En la calle principal, los pisos superiores de las casas sobresalen como en Chester formando el paseo preferido durante el calor del día. Las colinas cercanas están cubiertas en sus cimas por viñas y detrás está la magnífica y densa fila de picos brillando al sol.
Aquí pasamos dos o tres días trepando por los alrededores. Era el tiempo de la vendimia y todo el mundo andaba ocupado recogiendo los racimos de uvas, el vino local es bien conocido y apreciado en todo el norte de España. Por  invitación visitamos los viñedos y bodegas del doctor del pueblo y vimos el proceso de prensar las uvas a la antigua manera bíblica que, aunque no es el modo más limpio de extraer el jugo, produce excelentes resultados.
Desde Potes retrocedimos sobre nuestros pasos hasta la posada de Urdón al borde del camino, desde donde un sendero se desvía hacia Tresviso, un pueblo montañés de gran antigüedad a 6000 pies (1828,8 m) sobre el nivel del mar y 2000 (609,6 m) sobre Urdón. El sendero tiene unos ocho pies de anchura (2,43 m), bastante desprotegido sin valla o muro, zigzaguea por el acantilado en el más extraordinario de los sentidos y sólo es accesible a peatones y burros o mulas. En el camino se pueden ver tres puentes naturales todos arriba en los picos, nos dijeron que son bastante inaccesibles. Tresviso es famoso por un queso de muy mal olor y por una curiosa tela marrón, con la que se hacen los trajes de los hombres y que es prácticamente eterna. La iglesia contiene probablemente el más antiguo registro de nacimientos y muertes del mundo, datando del siglo noveno. Tresviso fue visitado por el rey Alfonso XII en 1882, cuando estaba cazando rebecos por los Picos, debemos decir, que no eran la clase de rebecos que vimos en la Hermida.
Según nos aconsejaron, desechamos nuestras botas para la subida a Tresviso e hicimos el ascenso en alpargatas, que es como se llama a los zapatos nativos. La suela es de cáñamo retorcido y la parte superior de lienzo. A nuestro parecer, no fue un éxito ya que, aunque procuran un buen agarre incluso en las rocas resbaladizas, no protegen los pies de las afiladas rocas que en muchas partes conforman el camino.
El tiempo era opresivamente cálido, y el sendero excesivamente escarpado así que no es de extrañar que, en el momento en que habíamos superado lo peor del mismo, nuestras almas anhelaran un refrigerio. Teníamos con nosotros una bota que habíamos comprado en Potes y que habíamos llenado esa mañana con el excelente vino de la región. Nuestros primeros ensayos para beber con ella no fueron muy exitosos, el líquido mostraba una decidida inclinación a caer fuera de nuestras gargantas en lugar de caer dentro, pero tras las objetivas lecciones de José y de dos hombres de Tresviso que encontramos en el camino quienes estuvieron dispuestos a enseñarnos el método correcto tan a menudo como deseábamos mientras hubiera vino, lo logramos bastante bien y pronto nos convertimos en expertos. Encontramos que es el método más delicioso de saciar la sed, y extremadamente refrescante.
El pueblo de Tresviso está situado en un pequeño hueco o recoveco en medio de los Picos, que se elevan por todos lados por encima de él. La vista desde arriba del alto terreno es magnífica, mostrando fila tras fila de rocosos picos. Las casas son de lo más pobre, siendo apenas posible para un hombre alto mantenerse erguido en ellas, incluida la casa del cura que es la más grande del pueblo.
Desde Panes, después de una estancia de varios días, iniciamos nuestro camino hacia Covadonga. La carretera se ramifica fuera del valle del Deva y sigue a su tributario el Cares, atravesando entonces la cuenca del Sella. Hicimos una muy encantadora pero, debido al gran calor, muy fatigante caminata de treinta y dos millas  (51,4 km) hasta Onis, desde donde, al día siguiente, nos encaminamos hacia Covadonga que se encuentra en la cabecera de un pequeño valle, un perfecto cul de sac (callejón sin salida) desmarcado del Sella. Allí visitamos la famosa cueva en la que Pelayo, el libertador de España, y su patriótica hueste de 300 seguidores fundaron un santuario hacia el 718 d. C. y desde el que iniciaron su ofensiva contra los moros.
Aquí se coronó a sí mismo Pelayo como rey de Asturias, León y Castilla, su corona se hizo con las puntas de lanza de los moros que había matado con sus propias manos. Pelayo está enterrado en este nunca conquistado lugar de España. Alrededor hay conventos y monasterios, está siendo construida una nueva catedral y la cueva misma está decorada con un altar gótico; de hecho, la iglesia ha ocupado todo el lugar. Miles de peregrinos visitan Covadonga cada año.
Desde Covadonga regresamos a Santander en coche de línea por la carretera costera de Ribadesella, Unquera y Llanes, un agradable pequeño puerto donde pasamos la noche. Ir en coche de línea en España es un curioso modo de viajar, suficientemente agradable cuando la carretera es buena. El coche de línea es un gran asunto, con una “berlina” en el frente, un “interior” detrás y asientos encima. Estos últimos son los más baratos y, siendo los más fríos, son los mejores en verano. El coche es conducido por cuatro u ocho caballos o mulas, y el conductor es asistido por un zagal, cuya tarea es bajarse en las subidas y tirar de los caballos con un palo. Antes de remontar a su sitio, recoge un sombrero de piedras que va lanzando a los caballos desde el asiento de conducción a medida que estos van trotando a lo largo del desnivel, y su deleite cuando ejecuta uno de estos pasos es inmenso.
Desde Santander fuimos en un barco de cabotaje a Bilbao y, desde allí a París por tren, visitando San Sebastián y Biarritz; pero esto no necesita formar parte de la visita a Picos. Probablemente la mejor manera de volver sería desde Vigo en un barco de línea  surafricano, pero de hecho, desde Gijón, Coruña y Santander hay muchos vapores que van con mineral a Gran Bretaña y no hay problemas para conseguir un pasaje a casa.
Aquí hallamos entonces un emplazamiento vacacional para hombres a quienes les guste alejarse de los caminos trillados. La gente es cortés, el paisaje magnífico, el clima excelente y el coste de la vida muy barato, una combinación que no siempre se encuentra en otros parajes vacacionales mejor conocidos.

Bridge on Cares

 
Llanes from Bridge


Bilbao from Bridge
 

Biarritz from Hotel

 
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viernes, 31 de marzo de 2017

The Picos de Europa: Memoria fotográfica de un viaje a Liébana en 1894

El 29 de septiembre de 1894, dos jóvenes escoceses se embarcaron en Liverpool, procedentes de Glasgow, rumbo al puerto de Santander, con la intención de adentrarse en una región poco conocida para los viajeros británicos "Los Picos de Europa".  El primero de ellos, Lewis Clapperton escribió un artículo titulado "The Picos de Europa" que fue publicado en la revista "Travel" en Junio de 1898, ilustrado con fotografías obtenidas durante el viaje por su compañero Cecil Ogilvie. Hace una década, llegó a mis manos este álbum conteniendo 37 fotografías. Ignoro a quién pudo pertenecer, pero esta claro que es sólo una selección de las fotos que pudieron hacer, dado que algunas de las publicadas en el artículo no aparecen en el álbum, y también resulta extraño que no aparezca ninguna de Santander. El álbum se centra en la ruta de acercamiento a Picos de Europa con subida al aislado pueblo de Tresviso, y en su posterior regreso por Bilbao y San Sebastián, hasta Biarritz, para tomar el tren a París.
El Centro de Documentación de la Imagen del Ayuntamiento de Santander (CDIS), inaugura el próximo miércoles 5 de abril una exposición en la Sala Ángel de la Hoz (Villa Florida), en la que se muestran las imágenes conservadas en éste álbum, memoria gráfica de un temprano viaje por Liébana, cuando esta bella comarca de Cantabria distaba mucho de ser el destino turístico que es hoy.

Tarjeta de la exposición (anverso)



Tarjeta de la exposición (reverso)


A continuación una de las imágenes del álbum, la que se reproduce en la tarjeta de la exposición, en su hoja original con la descripción manuscrita.

La imagen de la tarjeta de la exposición en su hoja del álbum con la leyenda en inglés "Road between Hermida & Potes" 
Más adelante seguiremos hablando del viaje de Clapperton y Ogilvie.

lunes, 30 de enero de 2017

José Lázaro Galdiano, editor, bibliófilo, coleccionista, y protagonista de una historia contada en postales

Hoy 30 de enero, el Museo Lázaro Galdiano celebra el aniversario del nacimiento de su fundador, el editor, bibliófilo y coleccionista D. José Lázaro Galdiano (1862-1947). Precisamente por esta última faceta suya, la de coleccionista, que comparto a un nivel infinitamente más modesto, he decidido hacer una disgresión en la temática habitual de este blog, dedicado principalmente a la fotografía antigua de Cantabria, y referirme a una aparición suya, casi desconocida, como protagonista de una historia contada en imágenes por el fotógrafo y editor de postales Antonio Cánovas del Castillo. En una de sus exitosas series de tarjetas postales, que batieron records de ventas a principios del siglo XX, puso en imágenes algunos versos de las "Doloras" de Campoamor, utilizando algunas de sus fotografías que había presentado al concurso convocado por la revista "Blanco y Negro". Esta serie de postales, que dentro de la "Colección Cánovas" se denominó con la letra "M" y fue editada en 1902, según nos indica Marta Palenque en el libro en su artículo Poesía, fotografía y tarjetas postales: Campoamor, Kaulak y Lázaro en serie M de la Colección Cánovas, en el libro "Correspondencia sin privacidad", FLG, Madrid, 2013, "conjugaba fragmentos de diversas obras campoamorinas. Se trata de una personal y heterogénea serie de diez tarjetas...Al aprovechar fotos relativas a distintos poemas, mezcló imágenes y versos creando un nuevo texto literario apoyado en las imágenes". De esta serie se hicieron dos ediciones, una por la fototipia Hauser y Menet, en color sepia, y otra, la que aquí se reproduce y que tengo en mi colección, en blanco y negro, en la que no se indica editor.


Lázaro, junto con una desconocida modelo, protagoniza la historia de las postales 2 a 7 de "Todo es uno y lo mismo", y también está presente en la nº 8 inspirada en el poema "Las tres rosas".

A continuación paso a reproducir las diez postales de la serie, copiando debajo de cada una de ellas el texto que lleva al dorso:

Colección Cánovas. Serie M. Núm. 1.
- Este collar irá a ti
el día que muera yo.-
Más la niña, que aun no vela, 
con la ficción, la codicia, 
la pregunta sin malicia:
- Y ¿morirás pronto, abuela?...

Colección Cánovas. Serie M. Núm. 2.
Rogar con cierto misterio
en un cierto cementerio
a una sombra se divisa:
es que, por Juan, reza Luisa.
Otra sombra que hay cercana
es Luis, que reza por Juana.

Colección Cánovas. Serie M. Núm. 3.
...Al mirarse frente a frente,
dicen la una y el uno:
-¿Qué importuna!...¡Qué importuno!...

Colección Cánovas. Serie M. Núm. 4.
Y Luis huyendo de Luisa,
y Luisa de Luis huyendo,
se marchan casi corriendo,
y corren casi de prisa,

Colección Cánovas. Serie M. Núm. 5.
 Saliendo del cementerio, 
mas ya sin ningún misterio,
se miraron otro día
diciendo: - ¡Quién lo creería!...
¡Es buen mozo!... ¡Pues es bella!...

Colección Cánovas. Serie M. Núm 6.

Y esta vez, menos esquivos,
o de gustarse más ciertos,
después de orar por los muertos,
se hablaron algo los vivos.

Colección Cánovas. Serie M. Núm 7.
En conclusión: cuando se aman
con un amor verdadero,
así mutuamente exclaman:
- ¡Como a él y por él te quiero!...
- ¡Te amo como a ella y por ella!...

Colección Cánovas. Serie M. Núm. 8.
- ¿Qué mal, Doctor, la arrebató la vida?...
Rosaura preguntó con desconsuelo.
-Murió- dijo el Doctor- de una caída.
- Pues ¿de dónde cayó?...
- Cayó del cielo.

Colección Cánovas. Serie M. Núm. 9.
Mientras la abuena una muñeca aliña, 
y haciéndose la niña se consuela,
haciéndose la vieja, usa la niña
el báculo y la cofia de su abuela.

Colección Cánovas. Serie M. Núm. 10.
- ¡Al que se muere..., lo entierran!...

Finalmente, muestro el reverso que se utiliza en esta serie de postales, en el que se incluye el texto que representa la imagen, la indicación de la Colección Cánovas, serie M, y el número de la postal en la serie.

Colección Cánovas. Serie M. Núm 5. (reverso)
 

lunes, 2 de enero de 2017

Pedro Antonio de Alarcón, Dióscoro Puebla y Amós de Escalante: tres copias de una fotografía.

En el post de 26/11/2016,  comentaba la presencia en esta fotografía de dos cántabros ilustres, el escritor Amós de Escalante y el político Fernando Fernández de Velasco, que con un grupo de artistas pensionados en Roma, se reunieron en la Navidad de 1860/61 con motivo de la visita a la Ciudad Eterna de Pedro Antonio de Alarcón.

 
Pensionados españoles en Roma. Azotea del estudio de Altobelli y Molins, Roma 1861
Es evidente que una foto como esta, más aún en aquellos tiempos, era un preciado recuerdo para cualquiera de los presentes en la misma, y resulta lógico pensar que todos ellos volvieron a España con un ejemplar en su equipaje. Pero ¿dónde acaba cada copia después de transcurridos 157 años? Obviamente pocas se habrán salvado de la pérdida o de la destrucción. Solamente de tres tenemos constancia documental, y sólo de dos conocemos una imagen.
La imagen que encabeza el post, actualmente en mi colección, es la que conservó el pintor burgalés Dióscoro Puebla Tolín, pero si conocemos al detalle quien es cada uno de los personajes retratados es gracias al ejemplar que perteneció a Pedro Antonio de Alarcón, y que se muestra a continuación:

En este caso la fotografía está bastante deteriorada con pérdidas en la emulsión que afectan a la parte central de la imagen, y las noticias sobre su existencia se las debemos a Enrique Pardo Canalis que en 1979 publicó en el Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, un artículo titulado: Una fotografía histórica. Roma, 1861. En él indicaba que la reproducción de la fotografía se realizó por deferencia de D. Miguel Valentín de Alarcón, nieto del novelista, y que se conservaba hasta esa fecha en el archivo familiar. También señalaba que al pie de la foto figuraban indicaciones autógrafas consignando, con el lugar y la fecha (Roma, enero de 1861), los nombres de los retratados. Señalaba Pardo Canalis que "sabiendo que Alarcón saldría de Roma el día 8, es lógico deducir que se obtuviera antes de esa fecha: quizás en algunas de las fiestas de primero de año o Reyes". Desconozco donde se conserva actualmente esta fotografía.

Tal y como decía al principio son las dos únicas copias de las que conocemos imágenes.

Una tercera copia, la que perteneció al escritor santanderino Amós de Escalante, se expuso al público en la Exposición del Santander Antiguo que organizó el Ateneo de Santander en el mes de agosto de 1926, y aparece detallada en el catálogo de dicha muestra con el número 207 "Grupo de artistas entre los que se encuentra don Amós de Escalante, (fotografía hecha en Roma, 1861), como expositor se menciona a la Sra. Viuda de Escalante, quien también exponía con el número 206 un "Retrato de Amós de Escalante, (óleo por Dióscoro Puebla). Lo que abunda en las relaciones que se fraguaron durante la estancia en Roma de todos estos escritores y artistas.

Catálogo de la "Exposición del Santander Antiguo". Ateneo de Santander, 1926

Hoja donde se citan los objetos 206 "Retrato de Amós de Escalante (óleo por Dióscoro Puebla) y 207 "Grupo de artistas entre los que se encuentra don Amós de Escalante (fotografía hecha en Roma)

Pero no sólo quedó esta fotografía como recuerdo de esta visita. Hemos de recordar que en 1860 estaba de triunfando en toda Europa un formato de fotografía que había sido patentado en Paris unos años antes por el fotógrafo Adolphe Disderi: la "carte de visite". Entre las clases acomodadas, a las que en su mayor parte pertenecían los pensionados en Roma, se puso de moda retratarse e intercambiar los retratos con familiares, colegas y amigos. Para guardar dichas fotos la industria proveyó álbumes ricamente adornados.
En la colección de Pedro Antonio de Alarcón, conservada en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid, se conservan las "cartes de visite" de varios de los presentes en la foto, en la mayor parte de los casos realizadas también en el mismo estudio de Altobelli y Molins.

Precisamente, en tal fecha como hoy, 2 de enero de 1861, fue recibido Alarcón en audiencia por el Papa Pio IX.


El Papa Pio IX, Disdéri, circa 1860. Colección Pedro Antonio de Alarcón. Museo Lázaro Galdiano

Otros de los presentes en la fotografía de grupo que intercambiaron retratos con Alarcón, fueron los siguientes:

Dióscoro Puebla, Altobelli y Molins, circa 1860. Colección Pedro Antonio de Alarcón. Museo Lázaro Galdiano


José del Saz Caballero, Disdéri, circa 1858. Colección Pedro Antonio de Alarcón. Museo Lázaro Galdiano


Vicente Palmaroli, Altobelli y Molins, circa 1860. Colección Pedro Antonio de Alarcón. Museo Lázaro Galdiano


José de Vilches, Altobelli y Molins, circa 1860. Colección Pedro Antonio de Alarcón. Museo Lázaro Galdiano
 
Fernando Fdez de Velasco, Altobelli y Molins, circa 1860. Colección Pedro Antonio de Alarcón. Museo Lázaro Galdiano
 
Ramón Pujols, Altobelli y Molins, circa 1860. Colección Pedro Antonio de Alarcón. Museo Lázaro Galdiano
Estoy seguro que si pudiésemos ver los álbumes de retratos (CDV´s) que con toda seguridad formaron la mayor parte de los presentes en la foto de grupo, se repetirían gran parte de los retratos aquí presentes, pues el intercambio de retratos, su coleccionismo, y la formación de álbumes con la imagen de amigos, colegas, parientes y celebridades, se convirtió en una moda ampliamente extendida entre las clases altas. 

Por último, en la colección de Pedro Antonio de Alarcón se conserva una fotografía, también del estudio de Altobelli y Molins, de un personaje desconocido que posa recostado en el mismo "sillón Pompadour" que utilizó Dióscoro Puebla en el retrato de grupo. Retrato curioso por la forma de posar y por el formato apaisado, muy poco común en los retratos "carte de visite". 
 
 
Personaje desconocido, Altobelli y Molins, circa 1860. Colección Pedro Antonio de Alarcón. Museo Lázaro Galdiano

Del mismo personaje y también del estudio de Altobelli y Molins, tengo en mi colección una CDV, más convencional, con posado de pie, que muestro a continuación. Parece lógico que sea alguien próximo al grupo de pensionados españoles... Si alguno de los lectores lo identifica agradecería información.
 
Personaje desconocido, Altobelli y Molins, circa 1860. Colección del autor