sábado, 24 de diciembre de 2016

Navidad, un pesebre en el colegio y un árbol en casa

Como dice el villancico, hoy es Nochebuena y mañana Navidad... así que cumpliremos en el blog con dos rituales obligados: montar el Belén, y plantar el árbol.
 
Recurro para lo primero a una foto de un "Belén viviente" en un colegio femenino, en el que con dos tarimas y una tela pintada con una mula y un buey, lo han condensado casi todo: La Virgen María, San José y el niño, dos pastoras (montañesas??), coro de ángeles, y dos personajes al fondo a la derecha, cuyo significado me queda en duda... La foto lleva un sello seco de "García, óptico, San Francisco 15, Santander".
 
Pesebre viviente, circa 1920.

Para lo segundo, salto algunos años y me voy hasta los años setenta, con el tradicional árbol de navidad y con abundante espumillón y bolas de colores ¿quién no ha  tenido uno igual? Esta es una foto de álbum familiar y realizada por un amateur.
 
Adornando el árbol, circa 1970.
 
Así que ya tenemos el pesebre y el árbol,  ¡Felices Fiestas!
 

sábado, 26 de noviembre de 2016

Retablo fotográfico de cántabros ilustres (5): Amós de Escalante y Fernando Fernández de Velasco

Desde hace tiempo vengo publicando en este blog una serie de post dedicados a mostrar los retratos de cántabros ilustres a partir de fotografías de mi colección. Aprovechando la reciente exposición en el CDIS de Santander de la fotografía de la que están extraídos estos retratos, hoy incorporo los de dos montañeses que por azares del destino coincidieron en Roma en la Navidad de 1860/61, y que durante la visita a la Ciudad Eterna del escritor Pedro Antonio de Alarcón, se retrataron con  él y con otros artistas españoles en el estudio fotográfico de Altobelli y Molins. Me voy a referir hoy al escritor Amós de Escalante (1831-1902) y al político, bibliófilo y erudito Fernando Fernández de Velasco (1835-1912).

Fernando Fernández de Velasco (de pie a la izquierda) y Amós de Escalante (sentado a la derecha)
Ambos pertenecían a la aristocracia ilustrada santanderina, y con toda probabilidad se conocían previamente a su encuentro en Roma. En parte lo demuestra el hecho de que posan juntos en el conjunto del grupo y que Velasco apoya su mano en el hombro de Escalante. En la fecha de la fotografía Escalante tiene 30 años y Fernández de Velasco 25.

Fernando Fernández de Velalsco
 
Fernando Fernández de Velasco y Pérez de Soñanes, según la entrada que le dedica la Gran Enciclopedia de Cantabria, descendía de las viejas estirpes montañesas de Velasco y de Díaz de Arce, estudió Derecho en Madrid y todavía muy joven acompañó a su madre, Jacinta Pérez de Soñanes, la cual como emisaria del Conde de Montemolín (Carlos de Borbón, pretendiente carlista al trono de España), recorrió las principales cortes europeas buscando apoyo para el que habría de ser fallido pronunciamiento en San Carlos de la Rápita.
Velasco fue agregado a la Embajada de España en Roma (1860), y entró luego de lleno en la política; fue diputado tradicionalista por Santander (1867), y el pretendiente Carlos VII le nombró comisario regio en Cantabria para que alzase tropas y organizase juntas para la inminente guerra. Fue el alma del carlismo en la provincia, y preparó un plan para apoderarse de Santander, que fracasó por la indecisión de  las tropas, y a pesar de que sus cargos eran civiles participó en las batallas de Abanto, Somorrostro y Valmaseda. Acabada la guerra marchó al exilio (febrero de 1876), y cuando regresó de Francia a su palacio de Villacarriedo continuó defendiendo en la prensa sus antiguas ideas. Tuvo gran intimidad con Menéndez Pelayo y con Pereda, quién le regaló el manuscrito de El sabor de la Tierruca, y contribuyó profusamente en revistas y periódicos con trabajos históricos y genealógicos. Fue entendidísimo en libros y bibliófilo de tal altura, que logró reunir en el Palacio de Soñanes una biblioteca excepcional



Palacio de Soñanes en Villacarriedo, foto A. Redón, Torrelavega, Circa 1900 

En cuanto a Amós de Escalante y Prieto, historiador, poeta, novelista y periodista, uno de los más destacados miembros de la escuela montañesa, poco cabe añadir a las numerosas biografías y estudios que sobre él hay publicados, pero sí mencionaré por venir al caso, que a raíz de este viaje a Italia publicó el libro Del Ebro al Tíber (1863).

Amós de Escalante y Prieto
Transcribo a continuación un pasaje de dicho libro en el que Escalante hace referencia a su encuentro en Italia con Alarcón:
"También por entonces llegó a Turín mi amigo Alarcón. Pensaba quedarse allí poquísimo tiempo y continuar su viaje, luego dilató bastante su permanencia. Yo pienso que aquel rincón de patria que teníamos allí en la legación, aquel rincón tan español en carácter, en hábitos, en idioma, porque fuera de la patria, los instintos y las costumbres nacionales se depuran, se concentran y se avivan, aquel rincón de patria ejerció en él su poderosa seducción.
¡Cuánto hemos vagado juntos por Vía di Po y Dora Grossa!
Él me recitaba versos suyos, y la atmósfera extranjera prestaba ecos singulares a aquella poesía.
Aquel invierno nos encontramos en Roma... Su pluma colorista y rica siempre de pensamientos ha escrito aquel viaje. ¡Quién no lo ha leído!
Su amistad cariñosa ha escrito en él mi nombre, como yo escribo aquí el suyo; porque como él mismo ha dicho con verdad, los que han visitado juntos Roma son más que amigos. La gran desolada y su tristeza engendran una fraternidad entre las almas, tan íntima y tenaz como la de la sangre.
¡Días inolvidables aquellos de Roma! También allí encontramos un rincón de la patria.
La casa del señor de Sandoval, secretario de la embajada, y entonces encargado de negocios de España, era un hogar cariñoso y apacible donde se ahuyentaban las tristezas nostálgicas que asaltan infatigablemente al peregrino en tierra extraña; y el círculo de artistas reunidos cada noche en el café del Greco, centro hospitalario donde se tendía cordialmente la mano al recién venido y se le daba franco lugar."
También refiere Escalante sus paseos por Roma en compañía de Alarcón, Velasco, otros españoles, y el escultor Viches, director de los pensionados.


Escalante, Velasco, Alarcón con otros artistas españoles en el estudio de Altobelli y Molins. Roma, enero de 1861.
 

lunes, 26 de septiembre de 2016

Visita virtual a la exposición Dióscoro Puebla: La fotografía y la formación de un artista

En mi último post anunciaba la inauguración de la exposición Dióscoro Puebla: La fotografía y la formación de un artista, en la sala Ángel de la Hoz, del CDIS del Ayuntamiento de Santander, y que permanecerá abierta hasta el 16 de octubre. A continuación se muestran varias imágenes de la misma para aquellos que no podáis acudir a visitarla, y del entorno de "Villa Florida"  la quinta de la calle Magallanes construida a finales del siglo XIX, en la que se ubican la Agencia de Desarrollo del Ayuntamiento de Santander, el CDIS (Centro de Documentación de la Imagen de Santander), la Sala "Ángel de la Hoz" y otras dependencias municipales.
La exposición se estructura en tres apartados: La estancia de Puebla en Roma como pensionado entre 1858 y 1862, su etapa como profesor y maestro de artistas en la Academia de Bellas de San Fernando y por último fotografías que le dedicaron compañeros y alumnos con fotografías de cuadros. También se muestra su diploma de Académico de número de la RABSF y varios libros dedicados por Alarcón.

 




































  

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Dióscoro Puebla. La Fotografía y la formación de un artista

El viernes 9 de septiembre, a las 19:30 horas, se inaugura en la Sala Ángel de la Hoz del Centro de Documentación de la Imagen de Santander (CDIS), la exposición Dióscoro Puebla. La Fotografía y la formación de un artista., en el marco de actividades programadas con motivo del XXI Congreso Nacional de Historia del Arte, que se celebrará en Santander del 20 al 23 de septiembre de 2016.



Las fotografías que se exponen forman parte de la colección que formó a lo largo de su vida el pintor Dióscoro Teófilo Puebla Tolín. Las más tempranas se pueden datar en torno a 1858 (año de su llegada a Roma), y las más recientes en la década de 1890. Todas ellas están relacionadas con su formación en Roma, con su actividad académica como profesor en Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, y con sus relaciones con otros artistas, colegas y discípulos.

La fotografía que se muestra en el tarjetón de la exposición, es una imagen icónica que ha sido reproducida en diversos trabajos. Sobre ella publicó un estudio en 1979 Enrique Pardo Canalis en la revista de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando "Una fotografía histórica. Roma 1861". Se hizo en la azotea del estudio romano de los fotógrafos Gioaccino Altobelli y Pompeo Molins durante la visita del novelista Pedro Antonio de Alarcón a Roma (en la Navidad de 1860/61). Todos los presentes en la foto están identificados, y son de izquierda a derecha, el pintor Vicente Palmaroli, Dióscoro Puebla (sentado, con chistera), el musicólogo y compositor Mariano Soriano Fuertes, el agregado de la legación de España Fernando Fernández de Velasco, el fotógrafo Pompeo Molins (sentado, con boina blanca), el escritor montañés Amós de Escalante, José del Saz Caballero (con chilaba) amigo y compañero de Alarcón durante la campaña de África, Ramón Pujols capellán de la iglesia de Montserrat, los escultores Juan Figueras y José de Vilches, y a la derecha, mirando a sus compañeros y dando la espalda a la cámara en un gesto muy teatral, el propio Alarcón.

La sintonía de Puebla con Alarcón es un ejemplo significativo de las relaciones que hace durante su etapa de formación en Roma. El novelista llega en la Navidad de 1860 y Dióscoro le sirve de cicerone y también le acompaña a Nápoles y Pompeya. La amistad forjada en este encuentro les unirá el resto de sus vidas. Puebla pintará un retrato de Paulina Contreras, esposa de Alarcón, e ilustrará la portada de El sombrero de tres picos, y el novelista le dedicará sus Narraciones inverosímiles (1882), mostrándole su afecto:

A ti, mi querido artista; al noble pintor de El descubrimiento de América; a mi bondadoso cicerone en Roma; a mi paciente compañero de viaje en Nápoles y Pompeya; al más asiduo y taciturno tertuliano de mi casa; a ti, digo, van dedicadas, al volver a salir a la luz, estas Narraciones inverosímiles, fantásticas unas, románticas otras, y humorísticas las demás; escritas casi todas en mi niñez o en mi primera juventud, pertenecientes varias de ellas a una moda o gusto literario hoy abolido, pero que entonces hacía relamerse a los admiradores de Alfonso Karr, y sólo una («El amigo de la muerte») digna de que más experimentado y sabio escritor hubiese desenvuelto el profundo y generoso pensamiento que, al decir de respetables críticos, le sirve de tema, y que yo no sé por qué rara casualidad buscó albergue en mi pobre cerebro... De un modo o de otro, acepta la dedicatoria de estas obrillas, que en su mayor parte tienen casi tanta fecha como nuestra amistad, y sírvante para recordar alguna vez, si me sobrevives, el verdadero cariño que te profesa tu camarada. Pedro. Madrid, 1882.

Amigos y compañeros de tertulias, se apodaban el uno al otro “el ciego” (Alarcón) y “el sordo” (Puebla). 

De esta visita a Roma nos quedan dos testimonios escritos en sendos libros de viajes: el propio de Alarcón en el citado libro De Madrid a Nápoles, y el que hace Amós de Escalante en Del Ebro al Tíber.

Reverso del tarjetón

Pulsando sobre la imagen se puede leer mejor!

domingo, 14 de agosto de 2016

Exposición Dada en Santander, Marcel Duchamp y los fotógrafos de feria

Después de leer el título de este post, quizás el lector se pregunte cual puede ser el nexo de unión de todos estos elementos. Pues no es otro que un fotógrafo de feria, y lo explicaré a lo largo de este post. Estaba preparando una nueva entrada referente a estos profesionales, con idea de publicar dos fotos que encontré hace algunas semanas de un padre y su hijo que, muy elegantes y endomingados, entraron a retratarse en una barraca en la que mediante un juego de espejos se obtenía una imagen múltiple (cinco vistas) del retratado, de espaldas, ambos perfiles y lateral de frente izquierda y derecha. 


Foto de Barraca de Feria, con juego de espejos, formato media tarjeta postal, España, circa 1930

Foto de Barraca de Feria, con juego de espejos, formato media tarjeta postal, España, circa 1930


Reverso de la primera de la fotografías anteriores. 
Como puede apreciarse en las fotografías se colocaba una etiqueta con la numeración del cliché para facilitar la entrega de los trabajos, y se utilizaba para positivar las fotos un papel especial con formato tarjeta postal (9x14 cm) entregándose dos imágenes al cliente.


Pues bien, ayer visitando la exposición sobre el arte Dadá, que con motivo del centenario de este movimiento se organiza en la sala de exposiciones del Puerto de Santander (Palacete del Embarcadero), con fondos del Archivo Lafuente, me sorprendió ver en una sala lateral una fotografía ampliada a pared completa del pintor Marcel Duchamp obtenida con un procedimiento similar. Resulta curiosa la atracción que intelectuales y artistas tuvieron por estos humildes profesionales de la fotografía (recordemos la foto de Lorca y Buñuel que mostraba en mi anterior post).

Con respecto a la exposición Dada, organizada en el marco de las actividades culturales de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, es una visita imprescindible en este verano santanderino, en la que además de material gráfico e impresos dadaistas de gran rareza, se incorporan algunos vídeos, y varias fotografías (retratos) de artistas de este movimiento.








Foto de Marcel Duchamp. En primer término, en la urna, el libro Eau et gaz à tous les étages



Hannah Höch


Raoul Hausmann

Johannes Baader


jueves, 21 de julio de 2016

Minuteros y fotógrafos de Feria. Otra historia de la aviación.

En estos meses veraniegos, cuando la mayor parte de las ciudades y pueblos celebran sus fiestas patronales, los fotógrafos de Feria colgaban sus telones pintados con temas diversos, y procuraban hacer su agosto. Era una época en la que aún no se había democratizado el uso de la cámara fotográfica, y los grupos de amigos y las familias recurrían a esta solución económica para tener un recuerdo.


Sobrevolando Zaragoza, fechado el 25/06/1930, formato media tarjeta postal. Sin referencia de autor.

Desde bastante tiempo atrás voy recopilando las fotografías de minuteros y fotógrafos de Feria que encuentro en rastros y almonedas. Los fotógrafos de Feria, junto con los minuteros (a veces son uno y lo mismo), conformaron el más humilde peldaño de la profesión de fotógrafo, tanto es así que en la mayor parte de los casos, las fotos que han llegado hasta nosotros carecen de cualquier sello o marca que permita identificar a sus autores. Dentro de la categoría de minuteros podríamos establecer tres apartados, por un lado los que se plantaban con su cámara en un parque, plaza o playa, y fotografiaban al cliente con el fondo del paisaje circundante, en segundo lugar los que llevaban consigo telones pintados con diversos motivos aportando un fondo festivo, que por la ingenuidad de los dibujos no pretendía engañar, sino divertir, al tiempo que servía de recuerdo. Estos últimos se movían también por parques y plazas, pero también realizaban un rentable circuito de feria en feria. Y por último, los que tenían la exclusiva en algún recinto cerrado (por ejemplo el Tibidabo). Para el positivado era frecuente utilizar cartulinas sensibilizadas de formato tarjeta postal (9x14 cm.), y los formatos más habituales eran de tarjeta completa, media tarjeta o cuarto de tarjeta.

Los motivos con los que se decoraban estos fondos eran variados, aunque predominaban algunas tipologías (aviones, barcos, toros, humorísticas...). Dado que por el asunto de mi anterior post aún tengo fresco el tema de las gestas de la aviación, hoy voy seguir con el mismo asunto (versión minutero). Hay que tener en cuenta que la época de mayor éxito de estos fotógrafos que plantaban sus escenarios pintados en cualquier plaza o feria, puede situarse entre los años 20 y 50 del pasado siglo, o sea que fueron coetáneos a muchos vuelos de leyenda, cuyos nombres podemos ver en algunas de las imágenes, lo que explica el peso de esta temática a la hora de elegir el telón ante el que retratarse.

Resulta obligado mostrar la conocida foto de Federico García Lorca y Luis Buñuel, tantas veces reproducida, que se hicieron en las fiestas de San Antonio de la Florida de Madrid, en 1923 cuando coincidieron en la Residencia de Estudiantes. El avión con el que posan sobrevolando Sevilla (creo que lo que se ve debajo del ala puede ser la catedral y la Giralda) es de factura muy similar al que encabeza el post.



Lorca y Buñuel en las Fiestas de San Antonio de la Florida, Madrid 1923. Sobrevolando Sevilla. Col. Fundación Federico García Lorca. Sin referencia de autor

En muchas de las fotografías se aprecia la prisa y poco cuidado del fotógrafo al componer la escena, pues entran en el campo visual zonas periféricas del telón, lo que nos permite apreciar lo precario de la instalación.

Fotografía formato media postal en la que se aprecia el entramado superior de la caseta, sin referencia de autor.

A continuación cuatro fotografías que muestran uno de los modelos más repetidos: el hidroavión alemán Dornier Wall (ballena).


Fotografía tamaño un cuarto de postal, sin referencia de autor


Las tres siguientes con el mismo modelo de hidroavión, pero ya personalizado con el nombre "Plus Ultra", primer vuelo desde España a América, realizado en 1926.

Fotografía tamaño un cuarto de postal, sin referencia de autor. Romería de Loredo (Cantabria) 7/07/1941, sobrevolando puerto que no identifico.

Esta otra, completamente descentrada, permite ver el lateral derecho del telón. El nivel de exigencia de la clientela no era muy alto.

Fotografía tamaño un cuarto de postal, sin referencia de autor.. Descentrada, no se ve el motor ni el morro del avión.

También con el "Plus Ultra", pero realizada con mucha mayor calidad y presentada en un marco de cartón adornado con relieves.


Fotografía tamaño media postal, sin referencia de autor..


La ingenuidad de este avión, contrasta con la seriedad del padre y las niñas.


Fotografía tamaño media postal, sin referencia de autor


Uno de los escasos ejemplos de fotografía de feria con identificación de autor, lugar y fecha, presentada en un marco liso de cartón.


Fotografía tamaño media postal. Foto Americana. Recuerdo de Santander, 1924. Sobrevolando Zaragoza.

En esta otra podemos deducir que el fotógrafo era de Santander por el rótulo del avión "Santander-Bilbao", y por la silueta del Palacio de la Magdalena y la Isla de Mouro en la parte inferior.

Fotografía tamaño tarjeta postal. Sin referencia de autor.

A continuación podemos ver dos ejemplos de "evolución aeronáutica". Van pasando los años y estos dos aviones monoala incorporan detalles aerodinámicos, lanzamiento de paracaidistas y gorra para el caballero: ¡que no falte de nada!.

Fotografía tamaño un cuarto de postal. Sin referencia de autor. Torrelavega 18/04/1943.


Esta foto que sigue es un claro precedente de los vuelos "low cost", con el pasaje como sardinas en lata. La imagen representa un batalla aeronaval.


Fotografía tamaño un cuarto de postal. Sin referencia de autor.

Para terminar dos fotografías del tercer apartado que mencionaba al principio: los minuteros que ejercían su exclusiva en recintos cerrados, en primer lugar fotografiando a los visitantes del parque del Tibidabo, en Barcelona, con su característico avión como fondo.


Fotografía 7x9 cm. Tibidabo. Barcelona, noviembre 1950.


Y por último una variante que he dudado a la hora de incluirla o no entre los minuteros, pues quizás se corresponda más por la época y tipo de cámara utilizada con los "leiquistas". Me refiero a los fotógrafos que en los años sesenta y setenta fotografiaban a los pasajeros al descender por la escalerilla del avión, o a los visitantes al entrar al zoológico y al circo... En este caso, aunque la idea se acerca a la del minutero, se trata de una evolución adaptándose a los avances técnicos, ya que se utilizan cámaras de 35 mm, y  el revelado se hace en un laboratorio cercano, ya que la venta de la foto depende de que esté lista antes de que el pasajero (o el visitante, en los otros casos) abandone el recinto.


Fotografía tamaño 9x14 cm. Sello de tinta al dorso de Antonio Díaz. General Salazar, 1-5º, Bilbao.

Para saber más sobre los fotógrafos minuteros recomiendo la lectura del libro "Minuteros. Fotógrafos de calle" de José María Uriarte Astarloa, Museo de Arte e Historia. Ayuntamiento de Durango, 2012.

También en dos de mis anteriores post me he referido a ellos: