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domingo, 11 de diciembre de 2011

Fotógrafos de feria, y humildes "minuteros" (II)


Aunque hasta mediados de la década de los ochenta del siglo XX, se pudieron ver fotógrafos minuteros en los parques y calles de nuestras ciudades, lo cierto es que la popularización de la cámara fotográfica de uso personal a partir de los años sesenta, supuso el declive y desaparición de este oficio.


En las imágenes precedentes podemos ver a un minutero en acción, retratando a un grupo de señoritas en la pérgola de los Jardines de Piquío del Sardinero. Se trata de una tarjeta postal de los años cincuenta de Ediciones Arribas, casa de Zaragoza que editó series de postales de muchas ciudades españolas.
El Sardinero, con sus playas, jardines y zonas de paseo, fue lugar habitual de trabajo de fotógrafos minuteros.
En las fotos siguientes realizadas en la Primera Playa del Sardinero, se retratan dos bañistas, un grupo de veraneantes, y una señorita (esta última fechada en 1924).



En estas dos últimas fotos se ven detrás de los personajes las casetas del balneario de la Primera Playa y la antigua Caseta Real, por lo que probablemente estén hechas por el mismo fotógrafo minutero que trabajaba en ese trozo de playa, y que ya tenía muy estudiado el ángulo más favorable para la foto-recuerdo.
Las calidad de estas fotos es por lo general deficiente, debido a lo precario del sistema de revelado.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Fotógrafos de feria, y humildes "minuteros" (I)

 
Haciendo un movimiento de péndulo, y después de contar la historia de Leandro Desages, fotógrafo de la Real Casa, y con un estudio por el que pasó lo más ilustre de la sociedad de Santander, pasaré a mostrar el estrato más humilde de la profesión: Los fotógrafos, generalmente anónimos, que desde principios del siglo XX, hasta los años 70, se ganaron la vida en la calle fotografiando a turistas y paseantes, o en barracas de feria.
Empezaré por estos últimos, que en todas las ferias de antaño desplegaban sus telones pintados con escenas diversas de aviones, barcos, o humorísticas. El fotografiado sólo tenía que asomar la cabeza, o medio cuerpo, por el hueco correspondiente, y en un minuto se llevaba un divertido recuerdo. Por lo general el tamaño de estas fotografías era de tarjeta postal (9 x 14 cm.), o media tarjeta (4,5 x 7 cm), y no son prodigios de calidad, debido a los precarios medios utilizados para su revelado.
Podemos ver retratadas en las imágenes adjuntas a intrépidas aviadoras, gordos y flacos, marineras en el crucero Canarias,y un aeroplano de la línea Santander-Bilbao... Por entonces todavía no teníamos a Ryanair.
 
Todos hemos conocido hasta fechas muy recientes las casetas de Feria de tiro al blanco, que ofrecían como premio al que hiciese diana, una fotografía inmortalizando el momento (normalmente en compañía de su pareja o amigos). La que se muestra a continuación está fechada en Santander, Ferias de Santiago de 1945.