martes, 21 de junio de 2016

El Pájaro Amarillo: un raid trasatlántico que terminó en Comillas

El 14 de Junio de 1929 a las 21:40 horas, hace 87 años, la playa de Oyambre junto a Comillas fue el improvisado campo de aterrizaje de "l´Oiseau Canari", el primer vuelo trasatlántico entre los Estados Unidos y España. Cierto es que no era el destino previsto por los aviadores franceses Armand Lotti, Jean Assollant y René Lefêvre, pero se les coló a bordo como polizón el periodista americano Arthur Schreiber lo que supuso que no dispusiesen del suficiente combustible para llegar al eropuerto de Le Bourget en Paris.
 
Las primeras fotos del avión fueron distribuidas por las agencias de prensa internacional, en este caso por Wide World Photos, pero en los créditos no se indica la autoría, cosa habitual en la época. Se trata de una imagen nocturna poco frecuente. Ya he explicado en varias ocasiones que estas fotografías de agencias de noticias que se repartían a los periódicos suscritos, están apareciendo en internet al desaparecer los diarios que las conservaban en sus archivos.
 

Fotografía distribuida por la agencia norteamericana Wide World Photo

Vemos a continuación el reverso de esta fotografía, con el sello de tinta de la Agencia, y un añadido con el texto que acompañaba la noticia "The Bernard monoplane "Yellow Bird" on the beach at Comillas, near the French border, where the huge plane was landed after its flight across the ocean from Old Orchard, Me. Spanish  troops are shown guarding the plane. 6/25/29".


Sello de tinta estampado en el reverso de la fotografía anterior.
 

Texto explicativo que acompaña a la fotografía anterior.
 
 
El despegue se había realizado treinta horas antes desde la playa de Old Orchar en el estado de Maine, y la llegada del avión a Comillas fue un acontecimiento de gran magnitud en la prensa internacional, constituyendo el record de más larga distancia sobre un océano (5.900 km.). Poco tiempo después, una vez repostado con gasolina que fue necesario traer desde Madrid, el avión despegó rumbo a localidad francesa de Mimizan.

 
 
 
L´Oiseau Canari, en el Musée Air + Espace de Paris.

 A continuación una imagen de los protagonistas (pilotos y polizón) obtenidas en internet, y de la inauguración del monolito que se erigió en la playa de Oyambre para recordar la gesta.



Los protagonistas del vuelo. Fotografía obtenida en Internet


Inauguración del monolito en la playa de Oyambre. Fotografía obtenida en Internet
 

viernes, 3 de junio de 2016

Real Racing Club de Santander: días de lucha... y un poema.

Sirvan estas fotos y este poema, como un grito de aliento desde su pasado histórico, en la lucha por conseguir el ansiado ascenso. La lucha del Racing estas semanas es la de tantos pequeños clubes, siempre en la zozobra para ascender de categoría (o para no descender) y evitar su desaparición ahogados por las deudas.

En mi colección he encontrado un carnet que perteneció al guardameta racinguista Joaquín Caller, que data de la temporada 1941-42, y dos fotografías de esa época.


Carnet del guardameta del Racing de Santander, Joaquín Caller.


Joaquín Caller durante un partido, Foto Albero y Segovia, Información Gráfica, Madrid, 7 de septiembre de 1941.


Joaquín Caller durante un partido, Fotos Chapestro, Logroño, circa 1941.

Las fotos de este guardameta me recordaron un poema que nació en Santander, y que es uno de los escasos poemas inspirados en el fútbol. En 1928 los Campos de Sport del Sardinero fueron el escenario de la final de la Copa de Fútbol entre el F.C. Barcelona y la Real Sociedad de San Sebastián. En aquella época no existía el desempate a penaltis, por lo que fue necesario jugar tres partidos al acabar los dos primeros con empate a 1. Finalmente se impuso el Barcelona en el tercer partido por 3 goles a 1.
En el primero de esos partidos, jugado el día 20 de mayo, el portero del Barcelona, el húngaro Platko, se convirtió en héroe por su comportamiento. "Cuando la Real estaba achuchando la portería catalana, su delantero centro Cholin, en una posicion envidiable, avanzó hasta la portería. Cuando el gol parecía inevitable, el guardameta Platko realizó una gran estirada y se arrojó sobre el pie del jugador donostiarra conteniendo así el tiro, pero a cambio de recibir en la cabeza el golpe destinado al balón. La patada fue brutal, Platko quedó conmocionado y tuvieron que retirarle del campo para aplicarle 6 puntos de sutura en la herida ensangrentada." Platko volvió al juego con un aparatoso vendaje que perdería en el transcurso del juego.
Uno de los espectadores fue el poeta Rafael Alberti, que estaba escribiendo su libro "Sobre los Ángeles" invitado por José María de Cossío en su casona de Tudanca, y que asistió al partido invitado por su anfitrión. Impresionado, dedicó al guardameta la siguiente oda, aparecida en la primera página del periódico "La Voz de Cantabria" del día 27 de mayo de 1928:

Oda a Platko

 
Ni el mar,
que frente a ti saltaba sin poder defenderte.
Ni la lluvia. Ni el viento, que era el que más rugía.
Ni el mar, ni el viento, Platko,
rubio Platko de sangre,
guardameta en el polvo,
pararrayos.
No nadie, nadie, nadie.
Camisetas azules y blancas, sobre el aire.
Camisetas reales,
contrarias, contra ti, volando y arrastrándote.
Platko, Platko lejano,
rubio Platko tronchado,
tigre ardiente en la yerba de otro país.
¡ Tú, llave, Platko, tú llave rota,
llave áurea caída ante el pórtico áureo !
No nadie, nadie, nadie,
nadie se olvida, Platko.
Volvió su espalda al cielo.
Camisetas azules y granas flamearon,
apagadas sin viento.
El mar, vueltos los ojos,
se tumbó y nada dijo.
Sangrando en los ojales,
sangrando por ti, Platko,
por ti, sangre de Hungría,
sin tu sangre, tu impulso, tu parada, tu salto
temieron las insignias.
No nadie, Platko, nadie,
nadie se olvida.
Fue la vuelta del mar.
Fueron diez rápidas banderas
incendiadas sin freno.
Fue la vuelta del viento.
La vuelta al corazón de la esperanza.
Fue tu vuelta.
Azul heróico y grana,
mando el aire en las venas.
Alas, alas celestes y blancas,
rotas alas, combatidas, sin plumas,
escalaron la yerba.
Y el aire tuvo piernas,
tronco, brazos, cabeza.
¡ Y todo por ti, Platko,
rubio Platko de Hungría !
Y en tu honor, por tu vuelta,
porque volviste el pulso perdido a la pelea,
en el arco contrario al viento abrió una brecha.
Nadie, nadie se olvida.
El cielo, el mar, la lluvia lo recuerdan.
Las insignias.
Las doradas insignias, flores de los ojales,
cerradas, por ti abiertas.
No nadie, nadie, nadie,
nadie se olvida, Platko.
Ni el final: tu salida,
oso rubio de sangre,
desmayada bandera en hombros por el campo.
¡ Oh, Platko, Platko, Platko
tú, tan lejos de Hungría !
¿ Qué mar hubiera sido capaz de no llorarte ?
Nadie, nadie se olvida,
no, nadie, nadie, nadie.


Rafael Alberti.


Franz Platko, foto obtenida en Internet